Vivirlo fue de primer mundo. Ayer mientras caminaba por una céntrica calle de Iquitos y al pretender cruzar la pista me ganó el pase peatonal y unos tres motocarristas me cedieron el paso, se detuvieron, casi me desmayo de la impresión. Ello solo lo experimenté en Nueva York de Estados Unidos, no me refiero a la comunidad del río Tigre que también tiene sus encantos.

También lo experimenté en la ciudad de La Habana – Cuba, cuando con una colega dudamos en cruzar una avenida sin semáforo que nos conducía hacia la Plaza de la Revolución, se detuvieron como diez taxis modelo década del 60. Miramos por todos lados, tal vez una comitiva de autoridades se acercaba y no! Nos hicieron señas para cruzar la pista. Uauuu (en loretano por si acaso).

Estas acciones nos ponen de buen humor. Son actos de civismo y de respeto mutuo, y es que un peatón está en desventaja del conductor si de afectarse se trata. Pero, no solo es un tema de solidaridad o de un proceso de sensibilización humanitaria, las multas por faltas, peor si atropellas, tienen un costo monetario muy alto.

Esto sucede justo cuando el fin de semana en nuestro habitual tour por la lectura, un articulista del diario El Comercio nos hizo recordar lo vivido en los países mencionados con diferentes sistemas de gobierno, uno capitalista y el otro comunista, con una práctica de democracia participativa. Mientras por nuestros lares con un sistema democrático donde hacemos lo que nos da la gana, apelando equivocadamente a las libertades, no cumplimos con las normas y reglamentos.

El autor del artículo Alfredo Bullard, dijo sobre su experiencia: “Estoy de vacaciones en Estados Unidos. Nunca deja de sorprenderme el orden del tráfico y la manera correcta cómo se maneja aquí. Las reglas se respetan. Los choferes te ceden el paso o se turnan ordenadamente el pase en una intersección sin pretender todos ganar el pase al mismo tiempo. Y si eres peatón eres el rey de la pista: te respetan por sobre todas las cosas”.

Cierto, nosotros lo comprobamos seguro como muchos de ustedes también. Es el tráfico del respeto mirando al más vulnerable, como debiera suceder en los ríos de nuestra región cuando un potente deslizador va a pasar cerca de una canoa, peque peque o balsita; tendría que bajar la velocidad así evitar el riesgo de que se voltee y hunda la pequeña nave fluvial con sus ocupantes. Este acto solo lo experimenté en el río Samiria dentro de la reserva. Y por supuesto que en nuestras calles de Iquitos urgen cambios de actitudes. Claro que en todas partes hay de todo, prudentes y no prudentes, pero la mayoría tendríamos que marcar la diferencia. Creemos es un deseo general.