Está pasando ya el verano amazónico y por tanto en esta parte de la selva de nuestro amado Loreto las aguas han empezado a elevar su caudal, dando señales que el invierno se acerca para traernos todas sus bondades y también las peripecias ocasionadas por nuestros descuidos.
Una de las bondades de esta etapa de la naturaleza es el enriquecimiento de las tierras playeras de los barrizales de las orillas que va cubrir para nutrirlas, de tal forma que el próximo año, cuando el verano vuelva con la baja del nivel de las aguas, estas estén aptas para el sembrío de maíz, frijol, sandía, etc.
En cuanto a las peripecias que hacemos mención, tiene que ver con nuestras imprudencias como el de realizar construcciones habitacionales en áreas cercanas a lo que conocemos se forman como barrancos que, con las fuerzas de la corriente golpea, mina y se desploma hacia las aguas.
Este comportamiento natural hace que las viviendas, generalmente, que se han construido y siguen construyendo, a pesar de las recomendaciones de mismos vivientes y de las alertas de Defensa Civil, puedan deslizarse en caída libre hacia el río, lo que podría ocasionar daños humanos y materiales.
Y ojo que no solo ocurre en las comunidades rurales, porque estos desafíos a la naturaleza ya se experimentan desde hace mucho tiempo en la zona urbana, que por esa suerte del cambio del curso del río Amazonas, principalmente, nuestra ciudad ha tenido ocurrencias de menor daño.
Quienes vivimos los momentos preocupantes de la defensa de la rivera de Iquitos que hasta tuvo su famosa “Ley Pardo” para juntar dinero e invertir en esa obra, sabemos lo que es la furia de la naturaleza, en este caso de la fuerza del río Amazonas que se llevó a toda una comunidad que se ubicaba pasando el puerto Masusa, sí, se llamaba Santa María.
Entonces el río también por efectos de un dragado en la zona de Padre Isla frente a Iquitos, desvió al Amazonas como lo vemos ahora. Pero, pero, existe otra teoría sobre eventos hidrográficos que puede minar en el tiempo y volver el “ríomar” a entrar hacia Iquitos, retornaría a la altura de lo que es ahora Belén.
Toda esa zona es altamente vulnerable por la infraestructura débil de las viviendas y así fueran con concreto armado, los niveles que generaría las aguas los cubriría hasta regular altura. Lo ideal sería acatar las recomendaciones y planificar la ciudad en zonas habitables y no habitables, para evitar daños presentes y futuros. ¿Escucharemos?

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