- Punta Angamos, miércoles 8 de Octubre de 1,879

Por: Menotti Juan Yáñez Ramírez
Un día como hoy, hace 141 años en la península de Mejillones, específicamente en Punta Angamos, la figura del insigne Miguel María Grau Seminario se alzaría al celeste cielo según sus profundas creencias religiosas luego de haberse convertido en el azote de la armada chilena desde aquel infausto 5 de abril de 1,879 fecha en que el país del sur nos declarara la guerra.
Habían pasado seis meses y tres días desde el inicio de la beligerancia, cuando las escuadras peruana y chilena se encontraban frente a frente en las aguas del Pacifico a la cuadra de Punta Angamos, no está demás precisar que la flota chilena era más numerosa y tenía una artillería mucho más poderosa, pero la comandada por Grau tenía la astucia y sagacidad propia del marino marinero que la capitaneaba, habiéndolos mantenido a raya en lo que iba de la campaña naval, causando estragos y sumiéndolos en la incertidumbre del donde y cuando aparecería su peor pesadilla el monitor Huáscar y la corbeta Unión para atestarles duros golpes como en el combate de Iquique y la captura del transporte chileno Rímac con toda su tripulación, los 258 soldados del regimiento de caballería Carabineros de Yungay, 215 caballos y muchos enseres propios de la guerra. Al amanecer del 8 de octubre se avistaron ambas escuadras reaccionando Grau con rapidez y al ver sus pocas posibilidades con relación a las dos divisiones chilenas se aproximó a la costa con el monitor, disponiendo que la Unión evitara combate y por su marcha y andar ligero pudo abandonar la escena perseguida por el Loa y la O´Higgins. Ante ese escenario y lo inevitable del combate el Huáscar rompió fuegos alcanzando al Cochrane sin causarle ningún daño, no había vuelta atrás la refriega había comenzado. Intercambio de disparos, casi a las 10 de la mañana, cuarto disparo del Cochrane y el impacto fulminante en la torre de mando haciendo volar en pedazos al Almirante Grau y a su ayudante Diego Ferré quienes volaron a la inmortalidad. Lo sucedieron con honor en el comando de la nave el Capitán de Corbeta Elías Aguirre Romero, Segundo Comandante, Teniente Segundo Enrique Palacios y Mendiburu, herido de gravedad en la cara, mano izquierda y pie izquierdo, prisionero, fallecido tras penosa y larga agonía, Teniente Primero Graduado José Melitón Rodríguez, muerto en combate, Capitán de Fragata Graduado Manuel Melitón Carvajal, herido de gravedad en una pierna, prisionero, Teniente Primero Graduado Pedro Gárezon, prisionero. Este último ordenó hundir al monitor para que no fuera presa de las huestes chilenas que envalentonadas habían abordado el Huáscar y que a punta de revolver impidieron que Samuel MacMahon, Jefe de Máquinas siguiera con el acelerado proceso de abrir válvulas, un metro y más de agua inundando a la histórica nave fue detenido por el enemigo. 10:55 horas todo esta consumado la bandera chilena es izada y el herido monitor es remolcado a Antofagasta. De los 204 valientes alistados en nuestro glorioso Huáscar, 33 navegaron a la eternidad, 24 fueron heridos de gravedad y 3 levemente, no hubo perdón como en Iquique. El mito desapareció, la perplejidad acabó y el camino quedó más que libre para seguir con su infausta expedición hacia el norte que se trató de controlar, pero perdido el mar ganar ya era muy difícil. Este aleccionador episodio de nuestra historia nos nutre y recuerda que aun en el fulgor del combate los espíritus se acrecientan y el valor nos consume, haciendo emerger lo mejor del ser humano aunque tenga que plantarle cara a la muerte. Hoy que la muerte acecha, oculta, agazapada, mimetizada, trasladada por nosotros mismos en forma de virus, habremos de plantarle cara con las armas de la razón y del cumplimiento de nuestro deber como ciudadanos tal y como lo hicieron los marinos del Huáscar en ese espacio tiempo histórico que les tocó vivir.
Un año más recordando al inmortal Grau, un año más de la puesta de la piedra fundacional de nuestra Marina de Guerra que celebra 199 años y se halla a los albores de su bicentenario, más comprometida que nunca con el desarrollo del país y con una disposición extraordinaria a servirlo más y mejor, llegando a los lugares más recónditos que su misión le encomienda, con acciones que hace sentir a los peruanos que viven en los pueblos más alejados que el Perú no los abandona.
Grau sigue impoluto en el puente del Huáscar, seguro que su ejemplo sigue vivo no solo para sus colegas que visten el oro del sol y el azul de su mar; sino para todo peruano que se precie de ser ciudadano y no sólo “testigo” como gustaba llamar el polígrafo Marco Aurelio Denegri Santagadea a aquellos que no se comprometen. Grau fue, es y seguirá siendo un eterno Ciudadano y Caballero, digno ejemplo imperecedero.





