Loreto inicia hoy una jornada de paro regional de 72 horas convocada por las organizaciones sociales, sindicales y gremiales, en medio de un creciente malestar por la falta de respuestas del Gobierno Nacional a diversas demandas de la región. La medida de fuerza expresa un sentimiento que no puede ser ignorado: la población loretana reclama atención, obras, servicios públicos adecuados y una mayor presencia del Estado en una región que históricamente ha sentido que sus necesidades son postergadas.
Una protesta de esta magnitud no debe ser vista únicamente como un problema de orden público. Detrás de ella existen reclamos legítimos que necesitan ser escuchados y atendidos mediante el diálogo. El Gobierno Nacional tiene la responsabilidad de responder con seriedad a las demandas planteadas por Loreto, explicando qué compromisos puede asumir, cuáles requieren mayor evaluación y en qué plazos podrían concretarse. El silencio o la indiferencia solo contribuyen a profundizar la frustración.
Pero defender las razones de una protesta no significa desconocer los derechos de quienes deciden no participar. En Loreto hay miles de ciudadanos que viven del trabajo diario, pequeños comerciantes, mototaxistas, trabajadores independientes, emprendedores y familias que necesitan salir a trabajar para llevar el sustento a sus hogares. Ellos también deben ser respetados. Una medida de fuerza puede ser legítima, pero nunca debe convertirse en una imposición sobre quienes, por necesidad o por decisión propia, prefieren continuar con sus actividades.
El paro debe desarrollarse dentro del marco de la ley y con responsabilidad. El derecho a protestar y el derecho al trabajo no tienen por qué convertirse en derechos enfrentados. Las organizaciones convocantes tienen la oportunidad de demostrar que una movilización firme también puede ser pacífica, ordenada y respetuosa. Y las autoridades, por su parte, deben garantizar tanto la seguridad de los manifestantes como la integridad y libertad de quienes no participan en la medida.
Estos tres días deberían servir también para abrir un espacio real de diálogo. Loreto no necesita únicamente discursos durante una protesta; necesita respuestas concretas, compromisos verificables y una agenda que permita hacer seguimiento a las demandas regionales. La presencia de representantes del Gobierno Nacional en la región, escuchando directamente a sus autoridades y organizaciones sociales, podría ser un paso importante para reducir tensiones y encontrar soluciones.
Desde estas páginas consideramos que Loreto tiene derecho a reclamar y a exigir que sus demandas sean atendidas. Pero también creemos que la fuerza de una región no se demuestra paralizándola por completo, sino demostrando unidad, madurez y capacidad para defender sus intereses sin atropellar los derechos de los demás. Que estas 72 horas sean, finalmente, una oportunidad para que Loreto sea escuchado y para que el Gobierno Nacional entienda que detrás de cada demanda hay ciudadanos que esperan respuestas.
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Una protesta que debe ser escuchada
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