Las calles de Iquitos se han convertido en un reflejo del abandono. Los huecos que invaden avenidas y vías principales ya no son una simple incomodidad para conductores y peatones; son trampas que ponen en riesgo la vida de miles de ciudadanos. Basta recorrer unos cuantos kilómetros para comprobar que el deterioro de la infraestructura vial ha alcanzado niveles que no pueden seguir siendo ignorados por las autoridades.
Cada día se registran motocicletas averiadas, vehículos con daños en la suspensión y neumáticos destruidos. Lo más preocupante es que muchos accidentes ocurren cuando los conductores intentan esquivar un hueco y terminan invadiendo el carril contrario o perdiendo el control de sus unidades. Cuando llueve, el peligro se multiplica, pues el agua oculta la profundidad de los baches y convierte cualquier trayecto en una verdadera lotería.
Resulta inaceptable que, mientras la población paga sus impuestos y exige servicios básicos de calidad, las calles continúen deteriorándose sin un plan serio de mantenimiento. Las reparaciones improvisadas o los trabajos que duran apenas unas semanas solo evidencian la falta de planificación y de fiscalización en el uso de los recursos públicos.
No se necesita esperar una tragedia para actuar. La prevención debe ser una prioridad en cualquier gestión responsable. Cada hueco sin reparar representa una amenaza permanente para motociclistas, transportistas, escolares y adultos mayores que diariamente utilizan las vías de la ciudad. La indiferencia también tiene consecuencias, y estas pueden medirse en lesiones, pérdidas económicas e incluso vidas humanas.
La Municipalidad Provincial de Maynas tiene el deber de ejecutar un programa urgente de rehabilitación vial, priorizando los puntos más críticos y garantizando obras de calidad que resistan el intenso tránsito y las condiciones climáticas de nuestra Amazonía. La ciudadanía merece resultados concretos y no anuncios que terminan diluyéndose con el paso de los meses.
Iquitos no puede aspirar a ser una ciudad moderna mientras sus calles continúan convirtiéndose en un peligro permanente. Gobernar también significa cuidar la infraestructura que sostiene la vida cotidiana de la población. Reparar los huecos no es un favor ni una obra de lujo; es una obligación que debe cumplirse con urgencia, responsabilidad y respeto por quienes todos los días recorren una ciudad que merece mucho más que promesas.
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Trampas mortales
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