La promesa de conectar a Loreto al sistema energético nacional vuelve a ponerse sobre la mesa con cifras millonarias y discursos optimistas. Sin embargo, para la población de Iquitos, este anuncio no es nuevo. Han pasado más de diez años desde que un proyecto similar se cayó en 2013, y desde entonces lo único constante ha sido la espera. Hoy se habla nuevamente de estudios, términos de referencia y futuras licitaciones, pero la realidad es que la solución sigue estando en el papel.
Mientras tanto, la región continúa dependiendo de un sistema aislado, caro e ineficiente. Las interrupciones del servicio eléctrico no son una excepción, sino parte de la rutina diaria. Se anuncian medidas de corto plazo, decretos de emergencia y aumentos de capacidad, pero estas acciones funcionan apenas como parches frente a un problema estructural que no se resuelve.
El discurso oficial insiste en atraer inversión y garantizar una oferta energética confiable. Sin embargo, la historia reciente demuestra que entre la planificación y la ejecución hay una brecha enorme. Cada nuevo anuncio genera expectativas que luego se diluyen con el tiempo, alimentando la desconfianza de la ciudadanía frente a proyectos que parecen no avanzar nunca.
Loreto no solo necesita energía para el consumo doméstico, sino para impulsar su desarrollo productivo. Sin un suministro estable, cualquier intento de crecimiento económico se ve limitado. Hablar de una inversión de 1,200 millones de dólares suena ambicioso, pero sin plazos claros ni compromisos concretos, el proyecto corre el riesgo de convertirse en otra promesa postergada.
El problema ya no es la falta de diagnósticos ni de propuestas, sino la ausencia de decisiones firmes y ejecución real. Loreto no puede seguir esperando indefinidamente mientras se repiten los mismos anuncios. Más que nuevos estudios, lo que se requiere es voluntad política para convertir, de una vez por todas, los planes en obras concretas.
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Más estudios más proyectos…
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