Respiramos profundo, cerramos los ojos y quisiéramos despertar abrazados a un ser querido con la fuerza de la piel y el amor que se pueda sentir y con la confianza de no transmitir ningún virus letal. Eso luego de una pandemia como la que seguimos viviendo, es un sueño legítimo de la población mundial, sin temor a equivocarnos.
Sucede que, en varios sectores de países como Francia, España e Israel, como que ya estaban volviendo a la normalidad, incluso en algunas ciudades de Francia con los niños asistiendo a sus colegios varios de ellos fueron cerrados porque algunos profesores dieron positivo a covid-19, mientras los demás se mantienen dando clases en aulas.
En Israel desde este viernes 18 de setiembre inician un nuevo confinamiento de tres semanas para tratar de frenar el fuerte rebrote del nuevo coronavirus, y se cerrarán las escuelas, hoteles y centros recreacionales, así como regirá un límite de hasta diez personas en reuniones en espacios cerrados y de 20 al aire libre.
Esa es una realidad a la que no queremos volver, a que se presente un rebrote y tengamos que realizar un nuevo confinamiento o una nueva cuarentena. Tenemos que seguir esforzándonos en cumplir con las medidas de prevención, tenemos que seguir ensayando, lograr esa disciplina estricta tan ajena a nuestra cultura relajada, pero que cuando se propone es muy comprometida como lo que se demostró durante la cuarentena, comiendo o no comiendo ahí estábamos dentro de casa. Claro llegó un momento de la no resistencia estomacal, pero fue cuando lo peor ya había pasado, cuando la carga viral disminuyó.
Mientras seguimos mirando con prudencia y ansiedad al mismo tiempo, aunque suene raro, pero eso sentimos muchos, la dichosa vacuna contra el covid-19. Se siguen dando los ensayos, hay varias fórmulas que se siguen probando. Mientras tenemos un ángel que ha hecho público su deseo de poner su vacuna en toda América Latina, y ese es el país de Rusia. Ojalá nuestro poderoso económicamente, vecino del norte, también hubiera mostrado ese interés. En sí toda la humanidad debería mostrarse solidaria unos con otros.
En tanto la Organización Mundial de la Salud pide que el saludo no sea ni con puños, ni con codos, sino, que sea colocándonos a más de un metro de distancia poniendo nuestra mano a la altura del corazón como símbolo de cariño y respeto, además de los otros protocolos de salubridad. Que así sea por la salud de todos y todas.
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Mano al corazón
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