La condena de 35 años de prisión para los tres implicados en el asalto que terminó con la vida de Luz Marina Anable Montalván representa un paso importante en la búsqueda de justicia para una familia que perdió a uno de sus seres queridos en circunstancias violentas. Su muerte, ocurrida mientras cumplía con su jornada laboral en un grifo de Iquitos, no puede quedar como un hecho más dentro de las noticias de inseguridad que diariamente golpean a nuestra ciudad.
Luz Marina salió a trabajar aquella noche del 5 de mayo de 2025, como lo hacen miles de personas que buscan ganarse la vida honradamente. Sin embargo, la delincuencia le arrebató la vida durante un asalto cometido con armas de fuego. Una trabajadora que estaba cumpliendo con sus responsabilidades terminó siendo víctima de una violencia que no distingue lugares ni horarios.
La sentencia de 35 años contra Freddy Gustavo Ruiz Rodríguez, Gianfrank Yanqui Guerra y Jordan Smith Rengifo Salinas demuestra que los delitos graves deben tener consecuencias. También es importante que se haya establecido una reparación civil de 100 mil soles para los afectados, aunque ninguna cantidad de dinero podrá compensar la pérdida de una vida humana ni el dolor de una familia.
Pero este caso también debe llevarnos a reflexionar sobre la inseguridad que enfrenta Iquitos. No es posible que trabajadores de establecimientos comerciales, transportistas, comerciantes y ciudadanos tengan que desarrollar sus actividades con el temor permanente de sufrir un asalto. La seguridad no puede convertirse en un privilegio ni depender de la suerte de cada persona.
Corresponde a las autoridades fortalecer la prevención, mejorar la capacidad de respuesta policial y trabajar de manera coordinada para evitar que hechos como este vuelvan a repetirse. No basta con capturar y condenar a quienes cometen estos delitos; también se necesita impedir que las calles y los establecimientos comerciales sigan siendo escenarios de violencia. La lucha contra la delincuencia exige continuidad, planificación y resultados.
Hoy, la sentencia trae una respuesta judicial por la muerte de Luz Marina, pero también deja un mensaje para toda la sociedad: trabajar honradamente no puede significar exponerse a perder la vida. Que su nombre no quede solamente asociado a un crimen que conmocionó a Iquitos, sino que su caso nos recuerde la obligación de defender la vida, exigir justicia y recuperar la tranquilidad que nuestras familias merecen.
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Justicia para Luz Marina
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