RELATO NÚMERO 1.
Entre los 60 y 70 del siglo 20, un grupo de trabajadores, dirigidos por el señor Arturo Miyake, sembró la semilla de un futuro bionegocio y de conservación de una especie emblemática: El Paiche. Ellos trabajaban en la zona reservada Pacaya-Samiria, afluentes de los ríos Marañón y Ucayali y tributario del río Puinahua. En esa época el gobierno decidió mediante normas legales y pocos recursos económicos proteger esta especie creando lo que ahora es la reserva Nacional Pacaya-Samiria.
Uno de los pocos sobrevivientes es el señor José Ortiz Mendoza, hombre de campo, experto pescador de paiches y de otras especies ícticas y en varias oportunidades para los hombres de ciencia de ahora es viva referencia de su accionar.
Don Arturo Miyake un naturalista por naturaleza, se propuso examinar, observar (es lo primero que hace un científico) los desplazamientos de los paiches pequeños y adultos que estaban en una cocha llamado zapote, cercana a la base central de vigilancia. Observó sus salidas a la superficie a respirar, cada 15 a 30 minutos, de que se alimentaba y especialmente como hacían sus nidos para reproducirse y el desenlace posterior. El enamoramiento de los ejemplares y luego, algo transcendental, el nacimiento de las crías en el nido, y el cuidado que hacia el padre de las criaturas.
Resulta que en sus observaciones el señor Miyake y sus ayudantes, vigilaban día y noche como verdaderos científicos, determinó que a cierto tamaño, el padre, que cuidaba a las crías, ahora llamados alevinos, eran consumidos por los depredadores que rondaban la cabeza y el cuerpo del adulto. Y, en afán de cuidarlos los padres tragaban a los bebés y de 2500 a 3000 alevinos que nacían solo quedaba un pequeño porcentaje.
Durante noches se puso a cavilar y a analizar el asunto y a discutir con sus ayudantes, especialmente el señor José Ortiz qué hacer para salvar tremenda cantidad de alevinos, con la finalidad de hacerlos crecer un poquito más para hacer una resiembra en los cuerpos de agua aledaños y transportarlos a la ciudad, ya que los jefes le pedían para cumplir con ciertos convenios nacionales e internacionales.
Hicieron una tremenda malla con un ojo muy pequeño parecido a las bolicheras que utilizan en la costa peruana y se metieron al agua a pescar al adulto que tenía cuidando los ejemplares nacidos. Fue una pelea sin igual, era paiches de casi cinco metros, lo cogieron entre diez personas, algunos tenían baldes o bandejas con agua limpia y una solución salina para los hongos y después de separar al adulto recogían a los alevinos con un jamón hecho de fibra de chambira. Uno de los pescadores tuvo que ser evacuado al caserío cercano ya que en la pesca recibió un tremendo cabezazo del paiche adulto.
Y, así fueron pescando más y más alevinos y lo llevaron a estanques preparados y otros envases hechos con inteligencia y mucha habilidad pero con poca plata para depositar a los bebes, que tenían aproximadamente dos semanas, es decir, algo así como 3, 5 o 7 cerntímetros. Algunos de menor tamaño que andan envueltos en una gran bola para protegerse, una bola negra que sale a la superficie. El alimento de los peces era filetes de arahuana, de mojarra, limpieza total de los estanques, baños de soluciones de sal común, otros cuidados. Cuando tenían diez a doce centímetros eran enviados a Iquitos, a la laguna de Quistococha, a la laguna del Sauce, al hermano país de Cuba, a represas de Talara, etc.
Este es el primer reporte hecho por uno de los sobrevivientes de este grupo de trabajo que sin mucho dinero conservaron la especie, repoblaron cuerpos de agua, y sembraron la semilla de un futuro bionegocio, donde hoy todos paran metidos.
En base a estos datos y a otros conocimientos experimentales, de campo, algunos piscicultores de la zona de Quistococha y Zungarococha, se dedicaron de alguna manera a criar paiches y reportaron en los años iniciales de los 90, nacimientos y venta de alevinos con precios hasta de 20 dólares cada ejemplar.
En 1999, un grupo de moradores del caserío palo seco, en la margen izquierda del río Itaya presentó un extraordinario proyecto de producción de alevinos de paiche, con fines de repoblación, de comercialización y de fuente de recursos para otros proyectos productivos. Después de tanto batallar el proyecto no fue realizado, debido a la ineficacia de la burocracia en todos los niveles, y fue a parar en el km. 15 de la carretera Iquitos-Nauta, donde fracasó porque no tenía sus elementos sociales bien fundamentados.
Un grupo de moradores de la zona de Jenaro Herrera, también, trató de implementar una actividad de cultivo y recolección sin recibir el visto bueno. Este proyecto lo consideramos como dicen los economistas como una vaca lechera porque da frutos pronto, cuando se cultiva desde adultos, que más tarde explicaremos con detalles. Al año ya puede dar sus frutos para fortalecer otros proyectos productivos y sociales y económicos para mejorar la calidad de vida de un montón de gente.
Hoy, desde el 90 se ha desatado la fiebre de la paiche cultura, cientos de espejos de agua se han construido para cultivar paiches, con la finalidad de vender sus alevinos y algunos de comercializar su carne, actividad relacionada con otros cultivos de peces.
La piscicultura por lo menos en Maynas no empezó con esta especie sino con otras como el acarahuazú. Recuerdo muy bien el estanque grande donde se encuentra uno de los espejos de agua del IIAP, era manejado por una de las familias Zamora, que lo hacía como pasatiempo y cuando los peces estaban ya grandes y gordos se invitaba a los amigos. Me refiero a los 50 y un poco más. Pero, como estos señores podrían imaginar que sus descendientes o sus vecinos están haciendo un buen negocio de la crianza de peces de nuestra Amazonía especialmente con lo del paiche, que esperamos no sea de contrabando, porque no es necesario ya que el paiche se reproduce de manera natural en estanques seminaturales bien manejados.





