El Iquitos olvidado que pocos conocen

  • ¿Qué hacen las autoridades por cambiar esa realidad?

Partiendo de la zona baja de Belén, a solo 5 minutos en canoa cruzando el río Itaya se encuentran los poblados de San Andrés, San José y San Francisco; que pese a encontrarse tan cerca de la ciudad de Iquitos, vive una realidad de mucho contraste.
A simple vista y sin necesidad de tanto esfuerzo se dejan ver las innumerables letrinas al borde del río y a pocos metros de ellas, niños jugando, lavando ropa o lavándose el cuerpo.
La basura “saluda” desde la primera pisada en el poblado y acompaña durante la mayor parte del camino que nos conduce hasta el colegio “San Francisco”. A su espalda una obra de construcción a medio hacer. Se pudo observar un cementerio de fierros oxidados convertidos en un gran riesgo para la cantidad de niños que viven en la zona.
En el marco de pandemia, casi todos los infantes de esos poblados, son visitados por una docente que dicta clases a domicilio, un día antes les deja papeles con tareas. La mayoría no tienen teléfono, menos Internet. No siguen el programa nacional de aprendiendo en caso. La tecnología no está a su alcance, menos las Tablet prometidas.
SIN AGUA ¿CÓMO LAVARSE LA MANOS A CADA INSTANTE?
Si en la ciudad se sufre para juntar agua dentro de las pocas horas que llega el líquido y luego la quitan; en estos poblados no cuentan con agua potable. De tal manera que ellos mismos tienen que cruzar el río e ir a comprar su bidón de agua para poder realizar sus actividades.
Según indicaron algunos moradores del lugar, éste sí cuenta con un tanque elevado de agua potable, pero que por estos días no está brindando el servicio ya que hay una deuda de por medio que la municipalidad de Belén bien podría asumir.
Más en esta época de pandemia donde se necesita mantener el mayor de los cuidados e higiene. Pareciera que las autoridades no se dan una vuelta por aquellos lugares de alta vulnerabilidad y olvido.
Detrás de todas estas carencias y sin duda muchísimas otras, la sonrisa y amabilidad de cada persona acompañan el recorrido. Una sonrisa que se puede distinguir claramente ya que nadie lleva mascarilla.
Por eso se ve a los más pequeños jugando con una sonrisa de oreja a oreja, como si (aparentemente) no les haría falta nada. Muchas personas en sus hamacas disfrutando del aire fresco que recorre los tres poblados asentados en la orilla del río Itaya que luego se abrasa con en Nanay y éste a su vez con el Amazonas.
Varias ventas ofertan productos para el diario consumo alimenticio. Todos sobreviven, todos por décadas viviendo en el mismo lugar, recibiendo cada cierto tiempo la visita de candidatos electorales que les ofrecen de todo para cambiar su olvidada realidad, sin que luego nadie se digne en honrar su palabra. Hasta la fecha. (Micaela).

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