La vaciante no es una sorpresa para Loreto. Todos los años, aproximadamente entre julio y octubre, nuestros ríos comienzan a bajar y la Amazonía entra en uno de sus ciclos naturales. Lo que sí debería sorprendernos y preocuparnos es que, pese a conocer perfectamente este comportamiento, nuevamente parezcamos esperar a que el agua baje para recién preguntarnos qué vamos a hacer. La naturaleza cumple su ciclo; la irresponsabilidad de las autoridades, también.
El SENAMHI ha confirmado que los principales ríos amazónicos de Loreto se encuentran ya en temporada de vaciante y que sus niveles continuarán descendiendo progresivamente hasta mediados de septiembre. Al 25 de agosto, el río Amazonas, en la estación ENAPU Perú, registraba 109.37 metros sobre el nivel del mar, por debajo de su nivel normal de 109.93 metros. El Huallaga, en Lagunas, estaba en 111.79 metros frente a un normal de 112.50, mientras el Nanay registraba 123.09 metros y ambos se encontraban en umbral naranja.
Pero los números no son solamente cifras para los informes técnicos. En Loreto, el río es carretera, mercado, puerto, ambulancia y vía de abastecimiento. Cuando aparecen los bancos de arena y disminuye el calado, no solamente se complica la navegación: aumentan los costos del transporte, se alargan los tiempos de viaje y se encarece llevar alimentos, combustible, medicinas y productos básicos hacia las comunidades. La vaciante puede afectar la navegación, la agricultura, la disponibilidad de agua y la salud pública.
Lo preocupante, entonces, no es que el Amazonas baje. Lo preocupante es que las instituciones responsables continúen actuando como si cada vaciante fuera un fenómeno inesperado. Desde julio, las autoridades ya contaban con los escenarios de vaciante para este año, precisamente para adoptar medidas anticipadas. Es decir, información hubo; advertencias hubo; escenarios hubo. Lo que no puede faltar ahora es gestión.
Y aquí está el verdadero desafío para el Gobierno Regional, las municipalidades, las autoridades portuarias y el Gobierno Nacional: no esperar una emergencia para comenzar a trabajar. Se necesita identificar los puntos críticos de navegación, garantizar rutas alternativas, preparar el abastecimiento de las comunidades que podrían quedar aisladas, reforzar la vigilancia sanitaria y asegurar que el acceso al agua no se convierta en otro problema. El río puede bajar todos los años; lo que no puede bajar es la capacidad de respuesta del Estado.
Además, debemos mirar más allá de septiembre. Las proyecciones indican que después de mediados de ese mes pueden presentarse fluctuaciones y una recuperación hacia noviembre y diciembre, pero con niveles que podrían mantenerse predominantemente por debajo de lo normal. Y las condiciones climáticas pueden agravar el déficit de lluvias y, con ello, intensificar el descenso de los ríos.
Loreto no necesita discursos alarmistas ni fotografías de playas apareciendo en nuestras riberas. Necesita prevención. Necesita que las autoridades entiendan, de una vez por todas, que en la Amazonía una vaciante severa puede convertirse rápidamente en un problema económico, social, sanitario y de seguridad alimentaria. La vaciante fue anunciada. Los datos están sobre la mesa. Los escenarios fueron advertidos. Ahora corresponde demostrar que las autoridades también estaban preparadas.
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Vaciante anunciada, prevención ausente
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