Se lo ha señalado como el “tren que redibuja Sudamérica y desafía el eje global”, luego que Brasil aprobara las rutas del Tren Bioceánico que pasará por Pucallpa en pleno corazón de la Amazonía peruana, llevándonos a pensar que una nueva era se está empezando a escribir para el desarrollo del país.
Es que el impacto de este proyecto, sustentado en un artículo por Roberto Alván, nos transporta mentalmente a varios escenarios que vislumbrar. Para empezar, no es simplemente una obra de infraestructura; es una declaración de independencia logística para Sudamérica.
Con una inversión que roza los USD 100,000 millones, este «coloso de acero» busca jubilar la dependencia histórica del Canal de Panamá, reduciendo los tiempos de transporte hacia Asia de 30 a solo 10-12 días.
El proyecto consagra la alianza Brasil-Perú-China. Mientras Brasil busca una salida eficiente para su soja y minerales, China asegura un flujo constante de materias primas a través de Chancay. Y para nuestro país, esto significa dejar de ser un país primario-exportador para convertirse en el puerto de entrada y salida de un continente.
Sin embargo, la tensión es evidente: el avance de capitales asiáticos en la región pone a prueba la influencia tradicional de Estados Unidos en su «patio trasero», como se suele señalar a esta parte de Sudamérica, que tenemos importante influencia del país norteño del Tío Sam.
Pero, ello queda en otro plano, puesto que el interés se inclina a la proyección optimista de los 193,000 empleos proyectados, que en teoría se muestra muy esperanzador para la realidad Amazónica. Aunque esto es discutible también por el tipo de empleos y si se cubrirá con los perfiles que contamos.
Aparte, se choca con que el trazado por Pucallpa y su cercanía al Parque Nacional Sierra del Divisor plantea un dilema ético: ¿Es posible el progreso sin sacrificar el último pulmón del mundo? Pero, es el enorme desafío, y si se logra equilibrar la voracidad comercial con la protección del bioma amazónico, Sudamérica habrá construido no solo una vía férrea, sino su propio camino hacia la relevancia global en el siglo XXI. En conclusión, el Tren Bioceánico es el examen final para la integración latinoamericana. Y sí es posible el desarrollo amigable con la naturaleza, sin destruirla.
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Una nueva era
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