- En esta nota se presenta fragmentos del primer capítulo de la novela de Enrique Rodríguez Morales, editada por Tierra Nueva y que será presentada próximamente a nivel nacional.
Iquitos, río Amazonas
04:30 horas
“Una suave fragancia invade lentamente la habitación. Es una mezcla erótica y salvaje”. Una novela que tiene como protagonista a dos personajes masculinos que evocan la belleza de una mujer llamada Nicole, de quien se describen momentos íntimos y se resalta su belleza como su figura corporal femenina.
“Por un instante te quedas mirando sus formas perfectas. Se agudizan tus sentidos. Sin poderlo evitar”….“El arco de su cintura es geometría perfecta”, se va como describiendo en la obra “Una mariposa aletea en el Amazonas”
“Por enésima vez te estremeces con su aroma. Cierras los ojos. Te pierdes en el espacio”…..”Ese cuerpo perfecto, con el que soñaste, desde la primera vez que la viste en la laguna de Santo Tomás, cerca de Iquitos”. Así ubicando la historia en el conocido balneario del río Nanay.
Los dos amigos del diálogo en esta novela, siguen su tertulia de añoranzas, quizás fantasías, combinando las descripciones con los elementos que presenta en el entorno la madre naturaleza Amazónica.
“¿Recuerdas, Mauricio?
Fue una tarde de agosto. Nicole salía del agua dueña del cuerpo más hermoso que jamás habías visto. El sol agonizaba entre los árboles mientras ella se abría paso, entre el fuego rojo del atardecer, como una guerrera del Amazonas. Tal vez por eso, no te sorprende el aura rojiza que envuelve ahora el contorno de su cuerpo, como si se tratara de un ángel del fuego, que ha perdido sus alas. Solo el amanecer de Iquitos es capaz de lograr este efecto cromático.
Mientras el mundo nace de nuevo, la magia se apodera del tiempo. El parto es lento y hermoso”….“Desde tu habitación, la visión del río semeja un lienzo surrealista. Nicole, la musa con que todo poeta sueña. Te has quedado sin aliento Mauricio….
—Nicole —le susurras al oído—, no tienes ni idea de cuánto te amo…Nicole abre los ojos y te mira… Sientes que el amanecer te pertenece. El amor, como el río Amazonas, se abre paso incontrolable…..”
Y en esta parte de los fragmentos de la novela algo suena a despedida.
“Se consuela observándote mientras sales de la ducha y te preparas a partir. Te extiende los brazos y te envuelve el cuello. Se sujeta con fuerza mientras te mira a los ojos. Por un instante sientes que escanea tu imagen buscando grabarla para siempre en la retina.
La agarras de la cintura y la besas por última vez. Intentas hablarle. Solo atinas decirle:
—Nicole, tengo un millón de motivos para amarte, pero solo se me ocurre uno, simplemente, ¡me muero por ti!
Su corazón se agita y te susurra al oído.
—Mauricio, te amo. ¡Te amo más de lo que te imaginas! ¡Eres el hombre de mi vida!
Sus ojos verdes te penetran el alma. Su adiós te sabe a súplica.
—Cuando mires la luna… piensa en mí”.





