– La primera Misa se dió en la clandestinidad.
– La muerte rondaba y la vida de Jesús corría peligro(*):
Por: Adolfo Ramírez del Aguila.
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Recapitulando los acontecimientos entre el Domingo de Ramos y hoy Jueves Santo, después de la entrada accidentada a Jerusalén y el incidente en el Templo, Jesús prácticamente pasa a la clandestinidad. La orden de captura estaba dada y había una gran recompensa para quién lo delatara. Según el relato del evangelista Marcos, Jesús estaba siendo buscado por todas partes. Después del incidente del templo, Jesús se retiró a Betania a la casa de Simón el leproso; pero Betania ya no era un lugar seguro. Pero ir a Jerusalén podría ser aún más peligroso. Se acercaba el día grande de la fiesta y Jerusalén reventaba de visitantes. ¿Dónde reunirse con sus amigos para comer el cordero pascual?.
Por mientras, entre el primer Domingo de Ramos y el Jueves de la Cena pascual, se maquinaba la estrategia para apresar a Jesús. Convenía que un hombre muera para salvar la paz y el orden de la nación y evitar una intervención militar del César. En todo este concierto de conspiración contra el nazareno, Judas Iscariote se deja llevar por sus aspiraciones nacionalistas y decide “colaborar” con la captura de Jesús, traicionando a los suyos, quizá influenciado por los zelotas y sus estrategias belicistas. El pecado de Judas, deber ser recuperada del fatalismo; un ser humano con errores como cualquiera, pero que no necesariamente nació predestinado para traicionar a Jesús. Hay que entender las circunstancias complicadas que creó el alborotado momento de la fiesta judía.
En todo este contexto de espionajes y conspiraciones, llegamos al jueves, día de la Pascua judía en donde se cenaba los panes ázimos y el cordero asado. La fiesta de la Pascua era de las más solemnes de Israel. Se celebraba en el primer mes del Año judío, el mes de Nisán, correspondiente a una fiesta entre mediados de marzo y mediado de abril. La fiesta duraba siete días, pero se consideraban días de Pascua el 14 y 15 de Nisán, cuando se comía la cena liberadora. Las indicaciones para celebrar la fiesta, se transmitieron de generación en generación y quedaron fijadas en el libro del Éxodo (12, 1-28).
Desde varios siglos antes de Jesús, la Fiesta de la Pascua quedo unida a la fiesta de los ázimos (Éxodo 13, 1-10). En su origen, antes de Moisés, la Pascua fue una fiesta de pastores, en la que se comía cordero, y la de los ázimos una fiesta de agricultores en las que se comía el pan de la nueva cosecha. Después de Moisés, ambas fiestas se relacionaron con la liberación del pueblo de la esclavitud de Egipto. Y esto fue lo que se conmemoró durante siglos hasta los tiempos de Jesús. La Pascua era la fiesta de la independencia nacional. Una celebración patriótica y religiosa.
Jesús y sus fieles discípulos varones y mujeres, deciden celebrar esta fiesta como buenos judíos. Y en un lugar clandestino dentro de Jerusalén, organizaron esta comida entre el miedo y la zozobra. Jesús animaba a los suyos, asegurando que si Dios había actuado abriendo el Mar Rojo en el pasado, hoy haría lo mismo para liberar a su pueblo del yugo romano. Jesús eligió otros caminos de largo alcance (no la vía armada como proponían los Zelotas) y de más largo plazo: la fuerza de la palabra, la transformación de las conciencias, la lógica de la comunidad, la presión popular, la organización de los pobres, el amor eficaz.
La cena no fue entre hombres. Muchos cuadros y estampas nos han hecho imaginar con las costumbres que no corresponden a los tiempos evangélicos. Se pinta a Jesús comiendo solo con los apóstoles, cuando la tradición de Israel reunía aquella noche a hombres y mujeres por igual. Jesús se reuniría con los doce y con las mujeres que ordinariamente irían en el grupo: Salomé, Susana, la Magdalena, su madre y otras. Actualmente en nuestra iglesia, esta estampa de Leonardo de Vince con su famosa pintura “La última cena” es utilizada como argumento para prohibir la ordenación sacerdotal de las mujeres.
La cena comenzaba según la tradición, a las primeras horas del día que en realidad eran las primeras horas de la noche, cuando oscurecía y aparecía la primera estrella en el firmamento oscuro y resplandecía la famosa luna de Nisán (Éxodo 12, 42), en una especie de vigilia para esperar la acción salvadora de Dios.
Al inicio de la comida, se ponían de pie cogiendo los bastones como símbolo de la esclavitud en Egipto (los esclavos comen parados) y luego se recostaban en las paredes (los libres comían recostados). Había la costumbre de lavar las manos y los pies antes de la cena, como rito de purificación. Este lavado era tarea ordinariamente de los esclavos o en su defecto de las mujeres. Jesús el siervo de los siervos, lava los pies de todos sus seguidores sin excepción.
Al terminar esta comida, la primera Misa en la Iglesia, llena de mucho significado litúrgico pero más que todo llena de acción salvífica en el hoy de ese entonces, se sospechó de la traición de Judas y entonces se pusieron a buen recaudo, para luego tentar la escapatoria a Galilea en espera de una mejor oportunidad. Si hubieran apresado al Nazareno antes de la última cena, no hubiera habido la primera misa.
En esa noche clandestina, con la ayuda de la luz de la luna llena, huyeron al Monte de los Olivos, al lado oriental de Jerusalén para ponerse a salvo y evitar la detención inminente. Jesús no quería morir. Se aferraba a la vida. Quería tiempo para terminar la obra que había empezado. Con angustia rezaba para que no se haga la voluntad de aquellos que querían matarlo, sino la voluntad de Dios que quería su vida. Amén






