
En un lugar de Perú donde la lectura y la edición libros son cosas extrañas, gran paradoja en la región donde muchos de los árboles proveen la materia prima a los libros, ocurre con Jaime Vásquez Valcárcel, curtido y discutible periodista, con un rodaje en el mundo editorial.
Tierra Nueva es la editorial que pilota Jaime Vásquez, a través del cual ha publicado a escritores y escritoras de diferentes latitudes, aunque preferente a los del marchamo amazónico, de alguna forma heredando de su experiencia de trabajo con el Padre Joaquín García Sánchez, fundador de la Feria del Libro de Iquitos.
En su largo currículum también está la presentación de libro en diferentes lugares no sólo de la floresta loretana y Amazónica en general. Y a propósito de la colección “Río Marañón” hemos sostenido una breve entrevista con él.
Vásquez Valcárcel, que en estos días debe estar en un quebradero de cabeza porque el pistoletazo de salida es este 28 de junio, desde acá con las buenas vibras de espíritus del bosque, con sus publicaciones han dado en su tunchi al centralismo obsceno que padece Perú.
¿Es fácil editar una colección como Río Marañón?
Sí y no. Sí, porque la literatura fluye y el trabajo no sólo es fascinante sino que implica un trabajo de equipo, desde el acuerdo inicial con el autor hasta la edición, corrección y presentación para luego emprender la comercialización y distribución. Es un proceso que en Tierra Nueva lo hacemos cada vez con más gente. Cuando te sumerges en proyectos así no sólo lo ves como un sueño sino que sueñas todos los días con el proyecto. Y no, porque se encuentra dificultades que, aún sorteándolas, te ponen frente a una realidad: la falta de hábito a la lectura, que no es solo leer un texto sino mucho más amplio…
¿Cómo surgió la idea de la colección?
La idea surgió por la bulla que provoca el Bicentenario. Y nos formulamos la pregunta, ¿cómo lo celebramos? Y en Tierra Nueva concluimos que debemos celebrar con publicaciones y dando nombre a la colección. Y en consultas con autores nos convencimos que río Marañón es una buena denominación por todo lo que significa para los amazónicos y el Amazonas mismo. La idea es unir varios autores, distintas generaciones, con libros inéditos y así fue gestándose esta iniciativa que como el Marañón va llevar a su paso otras cosas en torno al libro.
¿Cuál es más laborioso publicar poesía o narrativa?
Ambas, porque en poesía sientes la fuerza de la palabra bien puesta, bien escrita. En la narrativa sientes la fuerza de la oración, de la frase, del párrafo. La poesía amazónica es maravillosa y los autores que hemos publicado son de los mejores. En la narrativa también tenemos las mismas características. La única dificultad que encontramos es que la gente prefiere la narrativa y menos poesía. En cuanto a lo laborioso específicamente, ambas requieren de un cuidado grupal, colectivo.
¿Cuál es el trabajo entre bastidores de las dimensiones de Río Marañón?
Nunca hemos publicado tantos libros juntos. Antes terminábamos uno y comenzábamos otro. Y hacerlo con diez escritores, además de distinta generación y que radican en distintos lugares, no sólo complica el trabajo, sino que nos enriquece de una manera incalculable. Cada autor es un cerco que se abre y se cierra. Añadido a esto que hemos pedido a pintores de distinto estilo que proporcionen sus obras. Si tendríamos que contar algún percance, es la habitual confusión con los textos que se van corrigiendo, a veces no sabes cuál es el último corregido, multiplicado por diez se convierte en una locura. Y si a este le añadimos el tiempo de pandemia que vivimos la situación se hace más enajenada, pero hay que mantener la ecuanimidad.
¿La colección “Río Marañón” ha sido un fogonazo o se vienen más proyectos?
Es parte de todo un proyecto que va más allá de esta colección. Ya estamos trabajando en una serie sobre violencia en la Amazonía, donde pretendemos abordar con diferentes autores la temática de violencia, discriminación y olvido que vive el territorio. Luego está el proyecto de reedición de algunos libros y el homenaje que pensamos hacer a uno de nuestros autores emblemáticos, es decir seguiremos con la candela prendida.
(DL)





