Cuando hay un cambio de gobierno, por más pequeño que este sea, los pobladores de un país, de una región, de un distrito o de una provincia, tienen la esperanza de ver cambios sustanciales con el trabajo del nuevo gobernante, de quien se espera una nueva disposición, más voluntad, renovada energía y una visión clara para ver bien las cosas.
Iquitos está viviendo en una total inseguridad. Increíble es el caso que se dio ayer cuando un puñado de delincuentes puso bajo sus órdenes a los serenos que cuidaban una motochata en el río Itaya, sector de cabo López. Si a los serenos los facinerosos les reducen, qué no harán con el ciudadano común y corriente, con las mujeres y los niños.
Por otro lado, en pleno centro de la ciudad los ladrones palanquean la puerta de la vivienda del congresista Norman Lewis, llevándose todo lo que pudieron. Nadie vio nada, se desconoce quiénes fueron los que le pusieron el ojo a la casa del representante, donde detectaron que nadie había y que por eso era fácil cometer la fechoría.
Por otro lado, hasta el momento no tenemos noticia que las cámaras instaladas en diferentes partes de la ciudad hayan servido para grabar, poner al descubierto y desbaratar a las bandas de delincuentes que operan desde hace ya buen tiempo en este otrora apacible terruño, lo que sí se ha sabido que la compra ordenada de estos sistemas de seguridad en la anterior gestión fue solo para engrosar sus bolsillos de todos aquellos que estaban inmerso en la compra de equipos.
El alcalde debe presionar a sus abogados para que de una vez por todas las personas involucradas sean castigadas por el poder judicial, no es justo que se aprovechen de la inseguridad de nuestro pueblo.
Se han dado reuniones multisectoriales con asistencia de los titulares de las principales instituciones públicas y allí, cada uno de ellos ha asegurado el aporte de su representada para crear un sistema de seguridad ciudadana que responda a las necesidades del presente y el futuro cercano. Nada. Más aún cuando teníamos a un alcalde y a un presidente regional, distanciados por cuestiones políticas y personales. Todo quedó en palabras y buenos deseos.
La inseguridad ha echado raíces en nuestro pueblo. Estamos al acecho de la delincuencia y del crimen, en cualquier momento, sea cuando la ciudad esté despierta o mientras duerme. Y así, no podemos seguir viviendo.





