San Juan: Una imagen vale más que mil palabras…

  • En pleno corazón de ese distrito donde no hubo aglomeraciones, una carroza se desplazaba saltando bruscamente el recuerdo de la pandemia.
  • Muchos loretanos que el año pasado celebraron la máxima fiesta de la Amazonía, ya no están más.

La idea era captar imágenes del recorrido sanjuanino (o una parte de él) un 24 de junio máxima fiesta de la Amazonía, para comparar con las del 2019. Sin embargo, en el primer tramo, una carroza de un solo golpe nos recuerda que el mal no se ha ido, que en Iquitos siguen muriendo varios por el mortal virus.
El 2019 todo fue algarabía, alegría temporal, consumo delicioso de los potajes acostumbrados, celebración con los amigos más cercanos. Disfrute de presentaciones religiosas, tradicionales, juegos, espectáculos regionales e internacionales puesto que el año pasado llegaron delegaciones desde la frontera de Brasil y Colombia.
El alcalde Martín Arévalo no se perdió una noche en el marco sanjuanino que trató de hacerlo diferente. Y lo logró. Lo malo llegó después, su gestión edil se apagó por un virus, igual o peor que Covid, el de la corrupción. Un asunto por el que todavía viene luchando hasta lograr su liberación absoluta.
En años anteriores, desde la altura de la municipalidad de San Juan el tránsito se volvía indecible, impasable… Gajes de la fiesta, por lo tanto, soportables. Más en el cruce de la calle Los Ángeles, a la altura de la dirección de transportes, todos ya debían irse bajando de los vehículos para empezar la caminata hacia la plaza Quiñones, o la parroquia San Juan Bautista a comer juane, tomar chicha y apreciar las danzas acostumbradas.
Un rebaño compacto de personas, tiendas, concursos, hacían la fiesta de San Juan. Ayer todo se mostraba desolado, los vehículos se desplazaban rauda y a sus anchas por la principal avenida. En la plaza se veía a algunos policías que de manera preventiva acudieron en caso la gente quisiera llegar a comer su juane o vender algo.
Nada pasó. Una que otra señora ofrecía sus juanes en una esquina. Los juegos acostumbrados para los niños estuvieron cerrados. La policía en camionetas, también recorrieron la zona. Un San Juan desértico, triste, incomparable con el de años anteriores. Quizá el 24 de junio del bicentenario (2021), sea diferente. Bueno. Sin tantas ausencias eternas de seres amados. Así lo quiera Dios.
Muchos aprovecharon para “hacerse la peluca” en el día feriado. Un poco más allá, otro fallecimiento y despedida desde casa, hace recordar que el mal aún está por tierra loretana y que hay que continuar con el distanciamiento social, con las mascarillas y lavado de manos. Ayer a eso de las 2 de la tarde, las calles de Iquitos se asemejaban a las de los primeros días del estado de emergencia, cerradas.
Todos los que pudieron preparar o conseguir un juane y chicha; se dispusieron a saborearlo. Pero sin duda, el comentario central habrá sido la diferencia entre San Juan del año 2019 y el del 2020. Donde todo el Perú pensaba que la selección llegaría a ser campeón del mundo por las camisetas en donde se completaba el año.
Sin presagiar, que más bien este 2020 quedaría grabado en la memoria de todos los sobrevivientes, no por algún mundial ganado; sino por las dolorosas muertes que se registraron en todo el mundo por un virus llamado Covid.
Iquitos/Loreto/Perú, no está exento del resto de países. Duro y cruelmente golpeado, solo espera que ya no haya más muertes y que las autoridades sean menos indolentes y más predispuestas a escuchar y atender a las personas.