- Av. La Marina y Bellavista Nanay, acatan medida.


Para nadie es secreto que la vida es compleja. No solo el interior de cada ser humano, sino la humanidad en su conjunto, porque si para unos el color marrón puede estar excelente, para otros no. Mejor les va el rosa o el azul. Y nadie puede sacar eso de su mente. Por reseñar algo simple.
Pero se da en la totalidad de aspectos vivenciales. Ahora mismo con el coronavirus que nos puede estar esperando como una serpiente a su presa, muchos acatan y otro no. “Eso no es verdad, están alarmando a la gente”, expresan. Otros sí toman a fondo las recomendaciones, así somos. Unos no toman conciencia pese a las espantosas cifras de muertes que se vienen registrando en Europa a diario.
El gobierno ha decretado prácticamente dos largas semanas de penitencia (sin estar en Semana Santa) y para muchos de un ayuno obligado. Varios no entienden que no se deben reunir para hacer juegos grupales que implican estar cerca. Nadie ha prohibido que se toque música, pero la han “enterrado”, lo que hacen más lúgubres las calles.
Por ello quizá, es que se observa y se percibe una mayor tristeza en algunas calles. Por lo general en los asentamientos humanos se desarrollan las cosas de otra manera.
La Av. La Marina se pudo recorrer ayer, hubo algún movimiento de vehículos y gente, los colectivos e inmensos camiones de carga, no circulan constantemente. El seguro social recibe poca presencia de asegurados, la posta de Bellavista Nanay con puertas cerradas, recibe únicamente emergencia. El ingreso a la construcción del puente Nanay, con vigilantes, aunque ese puente hace tiempo que está de parada. No avanza, pese al desembolso significativo que ha hecho el gobierno central.
Bellavista Nanay, ahora muestra a las estatuas de San Pedro y San Pablo, como un dúo solitario al interior de una capilla en abandono. Nadie los mira, ningún turista pregunta sobre su presencia en ese lugar. La plaza aburrida, sin presencia de nadie, ni los cuidadores de motos.
Más bien por la punta de Bellavista sí se vio a comerciantes llevando carga, a conductores de peque peque que salen con pasajeros, pero si es que se completan 10. Venta de carbón prácticamente detenida, no hay parrilladas hasta nuevo aviso.
Es decir, el país, la región, los pueblos, ahora se ha convertido en el día en algo fantasmal. Pero extraordinariamente mucho más por las noches de toque de queda. Hay que seguir aguardando que lleguen tiempos mejores.





