La colectividad loretana no tiene representación y al no tenerla no existe. Lo que queda de lo que alguna vez fue el poderoso Frente Patriótico de Loreto son solo recuerdos del ayer que nunca volverán. Ya no existen ni Antonio Donadío Lagrotte ni Luis Armando Lozano Lozano, los dos mejores líderes que tuvo Loreto en la defensa de sus sagrados intereses. Dos loretanos que demostraron que cuando la cabeza actúa con nobleza, el corazón del pueblo se abre a la lucha y va con seguridad a ganar un reclamo justo.
A Loreto no hay quién le defienda. No hay nadie quién lidere limpiamente un frente ciudadano dispuesto a pelear por conseguir lo que el pueblo anhela o son sus esperanzas para un mañana mejor para sus hijos. Todos tienen sus apetitos personales o partidarios. Todos obedecen órdenes de instancias interesadas en manejar a la colectividad. Sus pensamientos y sus manos no tienen la limpieza de quien sí se entrega a defender las causas irrenunciables de su pueblo.
Nadie está libre de una apostilla venenosa que su enemigo pueda lanzar en su contra. ¿Es que ya no hay alguien con decencia y honorabilidad que nos pueda liderar, que pueda hablar en nombre y representación del pueblo y no en nombre de sus intereses partidarios o personales, o en el colmo del entreguismo, de los intereses de un grupo de empresarios?
Loreto está huérfano. No hay quién lo defienda de tanto atropello a su dignidad, no hay quién como Jesús alguna vez echó del templo a los traficantes de la fe, eche a la calle a quienes han tomado los bienes públicos como los tesoros que tomaban los piratas en sus asaltos. ¿No hay quién ponga fin a las disputas de bandas enquistadas en las municipalidades distritales y provinciales que se pelean por el dinero de los vecinos, apelando a argucias judiciales y muchas veces a actos propios de hampones y gángsters, dejando al descubierto los rostros de los nuevos padrinos de hoy?
¿Quién tendrá las manos limpias y la frente en alto para tomar el liderazgo que necesitamos antes que el centralismo venda de una vez por todas el terruño que nos acoge a las petroleras voraces de dinero? ¿Quién podrá hacer una limpieza total del basurero en que han convertido a las aguas de nuestros ríos que han logrado contaminar hasta las conciencias de nuestras autoridades? ¿Quién los tendrá bien puestos para enfrentar a los delincuentes callejeros que día a día se enseñorean en las esquinas donde asaltan a las personas?
Pero a pesar de sufrir estas tragedias cotidianas, no todo está perdido, aún. Abriguemos la esperanza, de un mañana mejor. Y que Dios nos acompañe.





