Venimos observando desde hace más de dos décadas que cada vez más aumentan los pedidos de concesiones de alto número de hectáreas con objetivos de conservación. Y cuando estas áreas pasan a la administración generalmente de ONGs, las poblaciones que han quedado dentro de las concesiones expresan su indignación porque les limitan el uso de los recursos naturales que antes era como ingresar al mercado (el bosque) para alimentarse y para algunas actividades económicas.
Imaginemos que se concesionara varias cuadras de las calles Arica, Huallaga y Tacna, y que a partir de ese instante con documento en mano los dueños de las concesiones les impongan una regla de conducta dentro de los espacios por donde antes se movilizaban con libertad, y que no podrán usar las pistas. Esto lo decimos como algo figurativo. Pero, si ello estuviera pasando porque quedaron dentro de una concesión de bosque otorgada por el Estado peruano, de seguro que hubieran reclamado en voz alta y exigido respeto a la vida, pero en las comunidades en esas condiciones todavía siguen aguantando.
El asunto indigno es que sienten como si les estarían desalojando de sus casas y de sus espacios de sobrevivencia, que estarían provocando aburrirlos para que migren a otros lugares, sin que nadie haya tomado en serio sus testimonios de cómo pasan ahora su existencia. Claro, que determinados pobladores también comenten errores respecto a la extracción de madera, sobre todo, pero eso está regulado por ley en nuestro país, y no se necesita de equis organismos privados para prevenir.
Lo que preocupa a las comunidades, se podría decir afectadas por las concesiones, es que no los han tomado en cuenta, y estarían siendo ninguneados para de arranque sean ellos la primera opción para conservar, que podrían ser orientados en formar sus empresas comunales y capacitados en varios temas que les permita administrar bien, que son los más interesados en conservar por el futuro de sus hijos, y porque sus antepasados han cuidado el bosque, fueron unos grandes guardianes de lo que hasta hoy sigue habiendo.
Y la pregunta curiosa es: ¿Cuántas extensas zonas de Loreto seguirán otorgándose en concesión? ¿Existe un límite? ¿Acaso no les importa dejarnos reducidos a las cuatro paredes desde nuestras casas sin aprovechar de forma responsable la biodiversidad? Por lo que parece, Loreto se está prácticamente vendiendo en trozos, por partes por 30 y hasta 40 años con posibilidad de ampliar los años de concesionarios ¿Las autoridades en el Congreso por Loreto harán algo por esclarecer este tema del otorgamiento de concesiones de tierra?
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