Al parecer la voracidad de algunos empresarios por crecer desmesuradamente y a cualquier costo, no los lleva a respetar las riquezas ancestrales de muchas comunidades originarias que por años han sido celosas guardianes de ellas. Harto conocida es la explotación del petróleo en las «narices» de muchos nativos que van muriendo de a poco por la gravísima contaminación ambiental registrada desde hace 40 años. Contaminación que aún persiste pese a los esfuerzos que hacen los responsables de sacar el hidrocarburo y las constantes denuncias que exponen los originarios que pueblan aquel subsuelo cargado del cotizado crudo.
Toda esa experiencia amarga parece no alertar, en el grado deseado, a los responsables de entregar concesiones a empresarios que han visto en la Amazonía una región siempre virgen para invertir sin la mayor consideración de por medio. Solo hace falta recordar que hace poco otorgaron buena parte de la zona de amortiguamiento de una reserva nacional a la empresa petrolera Gran Tierra Energy, quien solo dio paso atrás después de las denuncias públicas correspondientes. Ahora resulta que igualmente están evaluando la posibilidad de adjudicar terrenos para la siembra de Palma Aceitera (Africana) lo que sin duda afectaría las tierras de varias comunidades nativas cercanas a la reserva Allpahuayo Mishana. Se entiende que la denuncia ha sido planteada ante el Ministerio de Agricultura, mas también ha debido ser interpuesta ante la Fiscalía de Prevención del Delito por la afectación que causaría la instalación empresarial con miras al procesamiento de monocultivos agroindustriales que ocasionarían serios impactos ambientales y sociales.
O sea, una vez más el poder empresarial y autoridades que no cuidan el poco bienestar de las comunidades nativas, quieren avanzar e invertir en la Amazonía causando un daño inaceptable e irreparable, no solo contra el ecosistema, sino contra la subsistencia de los originarios, ya que de antemano y de manera abusiva removerían la cobertura vegetal, dificultando el acceso de los indígenas para recolectar los recursos del bosque a los que tienen el sagrado y absoluto derecho. No hay que olvidar que la zona en mención no es una zona deforestada, ni mucho menos. Son bosques de producción permanente que se verían aplastados por la imposición de monocultivos que sí -a futuro- los dejaría deprimidos, sin valor, muertos y sin la esperanza de alguna recuperación ecológica.
Si bien es cierto el presidente Ollanta Moisés Humala Tasso, ha hecho un llamado para que inviertan en el Perú y así seguir creciendo económicamente, es deplorable que muchos entiendan mal el mensaje y deseen empezar a entregar lotes de la hermosa Amazonía loretana a cualquier «depredador» empresarial, quien solo llegará a exprimirla, a secarla, a sacarle el jugo monetario para luego abandonarla con una cuantiosa cuota de mortalidad. Luego de ello, harán lo mismo en otras zonas y finalmente el mapa verde de Loreto, no será más que un mapa deforestado por la mano del hombre.
Se espera que las autoridades que en cierto grado vienen observando las consabidas concesiones para la siembra del monocultivo que mata la ecología, analicen bien a fin que tomen las acciones correctivas del caso. No es posible que por incrementar las estadísticas de desarrollo económico se atente contra la biodiversidad y todo lo que ello incluye. En primer lugar la subsistencia, la vida equilibrada de muchos pueblos originarios, quienes solo piden respeto y más respeto para la madre tierra.





