Práctica vieja es esa que cuando un candidato llega a autoridad, entra al cargo con toda su gente, poniendo de patitas a la calle a los funcionarios puestos a trabajar por su antecesor, que generalmente es su rival o enemigo, por decir lo que verdaderamente son.
Es más, el entrante tratará por todos los medios de satanizar al saliente con denuncias penales, paralización de obras que dejó a medio hacer y hasta pintar con los colores de su partido todas las posesiones públicas de su jurisdicción. Ejemplos sobran, los podemos ver en todas las reparticiones públicas.
Por otra parte hay que ser claros en señalar que una gran cantidad de militantes o de simpatizantes están en el movimiento o partido porque necesitan un puesto de trabajo, que se le coloque aunque sea de barredor, pero que se le asegure un billete mensual. En eso la presión de los partidarios es fuerte y muchas veces el elegido no puede cumplir con ellos. Ahí es cuando los resentidos salen a despotricar del que ayer fue su líder, calificándole con los peores epítetos.
Conocedor de esta realidad, y porque debe estar sintiendo en carne propia lo que es no poder cumplir con todos, el presidente Ollanta Humala ha salido a decir a los medios que su partido no es una agencia de empleos, que está en contra de partidarizar los puestos públicos. Fue sincero, eso sí, al pedir que no discriminen a la gente de Gana Perú si son eficientes y honrados.
Eficientes y honrados, dos cualidades que nunca deben faltar a quienes por mérito propio o por influencia, han llegado a un cargo del Estado.
Ambas deberían ser condiciones sine que non, sin las que nadie podría aspirar a autoridad, funcionario o empleado público. Pero la realidad nos dice que lo que vivimos ni siquiera se acerca a esto que es una utopía.
Si para cobrador o cajero de una empresa privada se exige eficiencia y honradez, por qué no ser más exigentes con quienes van a administrar los dineros del Estado. Este es otro sueño, porque esa gente cree que los fondos del Estado son para su provecho personal. Los resultados los tenemos con alcaldes y funcionarios denunciados por peculado, que ahora están sentenciados.





