LA BUROCRACIA Y LA MUJER AMAZÓNICA.
La canoa avanza palmo a palmo
el chacarero
curtido por miles de soles y vientos
rema con fuerza.
De vez en vez gira
el musculoso torso desnudo
para observar a sus pasajeros.
Una mujer de edad indefinida
quemada
por miles de soles
llora en silencio;
sus pechos erectos
retan al viento y al agua del río.
Un niño con los ojos semi cerrados
succiona
la energía vital de las mamas.
El poderoso río gana la batalla,
la canoa se bambolea,
el chacarero insiste,
rema una y otra vez.
Las garzas observan curiosas,
los peces surcan con ellas,
emiten ruidos de alegría,
tendrán una nueva prole.
De pronto,
la esperanza
alumbra el alma del chacarero.
Muy cerca,
muy cerca de ellos
hombres vestidos de blanco
saludan desde un yate.
El chacarero
rema, rema y rema,
en vano,
la moderna embarcación se aleja
y se pierde en el horizonte.
El niño deja de succionar
las erectas mamas ,
el chacarero deja de remar.
Arrastrados por hermanos del campo y el río
el hombre del remo,
la mujer de los frutos erectos
y el niño yerto
llegan al puerto.
Los hombres vestidos de blanco
exclaman:
¡Qué Dios los bendiga!
¡utilicen bien los antídotos!
La madre
con los pechos al vientoi
intenta
detener la venenosa muerte.
Huahuito, huahuito, huahuito
abre tus ojitos
diosito, diosito, diosito
devuelve mi angelito.
Vano esfuerzo,
el veneno del jergón
se deslizó
en la sangre del niño
como los burócratas
vestidos de blanco
en el turbulento río.
La madre,
curtida por miles de soles y vientos
abraza a su único vástago;
muerto por el veneno de la serpiente
y la ponzoña
de la indiferencia de los burócratas,
y, acurrucada en el pecho del chacarero
llora en silencio.





