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La revolución de Guillermo Cervantes de 1921

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Por: Raúl Cornejo Coa

En la historia de Loreto se registran dos revoluciones trascendentes que buscaban la creación de estados federales: La primera, en 1896, comandada por Ricardo Seminario Aramburu y Mariano José Madueño, y la segunda, por Guillermo Cervantes Vásquez, en 1921. Hubo otros conatos revolucionarios sin mucha repercusión y todos ellos se inspiraron en ideas renovadoras y descentralizadoras, como expresión de repudio a la política de concentración del poder en Lima.
El 5 de agosto de 1921, un grupo de civiles y militares encabezados por el capitán del ejército Guillermo Cervantes Vásquez, iniciaron un movimiento revolucionario en Iquitos contra el gobierno central del presidente Augusto B. Leguía, por motivo de existir un descontento por el olvido de los sucesivos gobiernos hacia el pueblo de Loreto, así como por los abusos y el incumplimiento de las promesas de la “Patria Nueva” ofrecidas por el presidente de la República Augusto B. Leguía.
Este levantamiento rápidamente logró el respaldo de la población y sus causas fueron las siguientes: El centralismo limeño, la falta de pagos a los trabajadores estatales (militares, policías, maestros y otros funcionarios), el cobro de tributos por la exportación del caucho, que se enviaban a Lima y que no retornaban a Iquitos y la presunta y anunciada entrega de territorio peruano a Colombia, considerada como una traición y que se materializó más adelante con el Tratado Salomón Lozano en 1922.
Al segundo día de iniciarse la revolución, el comité revolucionario presidido por Guillermo Cervantes, acudió a la agencia de Iquitos del “Banco del Perú y Londres” y retiró 23,300 libras peruanas de oro, la moneda oficial de ese entonces, para transferirlas a la tesorería fiscal del departamento, con la finalidad de pagar los sueldos de los trabajadores estatales. Acompañaron a esta comitiva el presidente del tribunal de justicia, el tesorero fiscal, el administrador de la aduana y dos notarios. Este hecho fue usado por el gobierno de Augusto B. Leguía para acusar a Cervantes y al comité revolucionario de “ladrones y usurpadores”.
Como parte del acto revolucionario, se decretó el Estado de Sitio a partir de las 9 de la noche, nadie podía salir de sus domicilios, se obligó a los empleados públicos a trabajar en sus oficinas bajo pena de despido, se prohibió portar armas a los ciudadanos y se cerró el puerto. Los barcos a vapor solo podían navegar con orden prefectural. Además, reorganizó el presupuesto público de las instituciones estatales en la región y organizó una expedición para difundir el movimiento revolucionario por Yurimaguas, Tarapoto y Moyobamba.
Como respuesta, el gobierno de Augusto B. Leguía, con la finalidad de hacer caer el levantamiento de Cervantes, suspendió definitivamente el envío de presupuesto para Loreto y no había manera de pagar ni los más elementales servicios públicos: salud, medicinas, etc. por lo cual los ingresos fiscales se agotaron rápidamente. Asimismo, se prohibió el tráfico de embarcaciones internacionales por el río Amazonas, generándose un caótico desabastecimiento.
Ante esta difícil situación, el movimiento revolucionario encabezado por el capitán Cervantes, se vio obligado a emitir, el 6 de octubre de 1921, una cantidad de 50,000 libras peruanas de oro, en billetes provisionales de media libra, una libra y cinco libras y posteriormente se emitieron otras 100,000 libras más. A estos billetes se les conoció como “Cervanteros” o “Cervantinos”, los cuales tenían la firma del capitán Cervantes y del administrador de la aduana de Iquitos, Octavio de los Heros y empezaron a circular.
A medida que transcurría el tiempo se produjeron varios enfrentamientos armados con las fuerzas del gobierno central, como el de San Martín liderado por Ulises Reátegui Morey, en el frente Ucayali-Pichis defendido por Manuel Curiel; la del río Pachitea con la cañonera “América” con Cervantes a bordo, etc. Sin embargo, los resultados empezaron a ser adversos para los revolucionarios, a lo cual se sumaba el creciente descontento de la población, por falta de recursos y la falta de alimentos.
Frente a estos hechos, era inminente el fin de la revolución. Cervantes reúne y acuerda con sus oficiales abandonar la causa revolucionaria el 9 de enero de 1922. Posteriormente parte por el río Napo con destino al Ecuador. Finalmente, en Iquitos y en otros pueblos de la región, las tropas leales al gobierno de Augusto B. Leguía iniciaron una campaña de represión contra los colaboradores y adherentes a la causa revolucionaria, culminando así este hecho que evidenció el carácter rebelde de Loreto en busca de una justa atención por parte de los gobiernos centralistas.

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