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La llamada del huancahui

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Por: José Álvarez Alonso

Unas semanas atrás, entre el 14 y el 16 de abril, estaba de visita en la comunidad nativa 20 de Enero, río Yanayacu-Pucate, dentro de la Reserva Nacional Pacaya-Samiria. Me llamó la atención la voz del ‘huancahui’, el gavilán viborero (Herpetotheres cachinans). Se escuchaba a lo largo del día, pero no era el canto normal, que se suele escuchar algunos días al caer la tarde, a veces entre dos luces: huan – ca -hui, sonido que da origen a su onomatopéyico nombre vulgar. Era un llamado monótono y repetitivo: hue-hue-hue-hue-hue…, que se escuchaba incluso en el calor del día, repetido a intervalos bastante regulares, hasta la caída de la tarde.
Les pregunté a algunos pobladores sobre ese canto tan llamativo: unos decían que era mal agüero (quizás, porque justo había pasado la desastrosa primera vuelta de las elecciones generales en Perú). Otros bromeaban que el huancahui lloraba por los resultados electorales tan sorprendentes en Loreto… Algunos más decían que estaba anunciando verano. Siendo mediados de abril, en plena creciente y temporada de lluvias, y faltando todavía que, entre mayo, el que normalmente es el mes de la máxima creciente, esta interpretación resultaba más llamativa … Y se demostró luego que no fue la más acertada, porque cuando escribo estas líneas, fines de mayo, todavía siguen los ríos muy crecidos, incluyendo el Marañón y el Yanayacu.
Por cierto, que, según la cultura popular amazónica, su canto normal (como dije, el que se escucha al ponerse el sol) es el que anuncia buen tiempo o “verano” al siguiente día, si el ave canta desde la punta de un palo seco; o día de lluvia, si canta desde un palo verde, es decir, un árbol vivo. Hasta ahora sigo tratando de verificar la certeza de esos vaticinios, con resultados ambivalentes.
Mi buen amigo don Tito Lancha me contó una historia triste sobre el huancahui: en la comunidad Oro Blanco, cuenca del Napo, cuando él era niño (tiene ahora mi misma ‘juventud acumulada’) ocurrió una desgracia. Una familia vivía un poco apartada del pueblo. Tenían tres hijos pequeños, dos varones y una mujercita, todos menores (el mayor tenía unos 7 u 8 años). Los padres decidieron ir a tarrafear a una playa del Napo y, como no tenían con quién dejar a sus hijos, les dejaron encerrados en el cuarto de la casa, para que no hiciesen travesuras, como bañarse en el río sin supervisión.
Pues los chicos, aburridos según decires de la gente, parece que encontraron los fósforos que tenía la familia al lado de la cama para prender su lamparín, y se pusieron a jugar con ellos. Se piensa que se prendió el mosquitero y no pudieron apagarlo. Los padres, que estaban una vuelta más abajo en el río, vieron la humareda y comprendieron que era su casa la que se estaba quemando. Remaron como desesperados, pero cuando llegaron solo encontraron ya los horcones y las brasas humeantes, pues el techo de hoja había servido para avivar las llamas. Encontraron a los niños carbonizados, reducido su tamaño, según cuenta don Tito, que fue testigo de la dramática escena: “por la calentura, parecían monitos renegridos, encogidos”.
Ese día había estado cantando todo el día una pareja de huancauis en un capinurí que estaba a la banda, al otro lado del río Napo. Como la gente cree que son mal agüero, los padres interpretaron que ellos habían anunciado la desgracia y le pidieron a alguien del pueblo que fuese a balearlos. Así lo hizo, y ambos huancauis recibieron su cartuchazo. “Por gusto los han muerto, qué pues culpa tenían”, comentaba don Tito. Pero el dolor de los padres era tan grande que quizás encontraron en las pobres aves una forma de desahogarse.
Desde la más remota antigüedad los hombres han tratado de predecir el futuro, y en todas las culturas ha habido agoreros y profetas, usando un sinfín de métodos, desde el estudio de las entrañas de algún ave (en la antigua Roma) hasta lectura de las hojas de la coca arrojadas sobre una tela (que realizan hasta ahora los ‘yatiris’ andinos). Pero, como decía mi profesor de Biblia allá en los 70, todas las profecías supuestamente cumplidas son “profecías post eventum”, escritas después de los hechos para aparentar presciencia.
En la Amazonía peruana son populares las supuestas capacidades predictivas del búho ‘ataulero’ o ‘lanchina’ (Pusatrix perspicillata), el que supuestamente anuncia con su lúgubre canto la muerte de alguien; o del búho “pomponcito” (Glaucidium brasilianum), a veces odiado porque anuncia embarazos. Famosa es también la chicua (Piaya cayana): si cuando un mitayero o un pescador va al monte la escucha cantar “chi – cuáh” es mejor que se vuelva, porque o bien no va a cazar o pescar nada, o bien se va a topar con un jergón, un jaguar o un caimán bravo. Si su canto es “chi – chi – chi”, entonces es buena suerte, y el día va a ser productivo y sin riesgo.
Otros animales amazónicos anuncian también tanto crecientes como vaciantes, lluvias o sequías: si surcan los bufeos (especialmente el delfín rosado) es que va a crecer el río, si van río abajo es que va a bajar. Esto tendría su lógica, porque los peces de que se alimentan surcan hacia las cabeceras cuando los cauces están crecidos… Del ‘saltón”, el bagre gigante (Brachyplatystoma filamentosum) se dice que cuando se lo ve saltando sobre el agua, el río crecerá hasta la altura a la que ha llegado su salto… Los churos, o caracoles acuáticos (Pomacea maculata), según la creencia popular, ponen sus huevos en troncos o vegetación en emergente del agua a una altura que marca adónde llegará la siguiente creciente del río. Vuelos masivos de insectos como hormigas y termitas ‘comején’ también anuncian lluvias intensas: la gente se apresura a reparar el techo o limpiar el aliviadero del agua en torno a la casa, varan su canoa o amarran su bote con soga larga, previendo una creciente repentina en el río o quebrada. Entre las aves, cuando se escuchan cantos raros, como algunos que he oído del ‘vacamuchacho’ (Crotophaga ani) y la ‘pumagarza’ (Tigrisoma lineatum), la gente interpreta que anuncian eventos climáticos excepcionales.
Finalmente, siempre queda el recurso a la ayahuasca, para los creyentes. Sigue siendo un misterio para la ciencia cómo es que a través de ella algunos amazónicos consiguen averiguar cosas que no se explica nadie, como encontrar un objeto perdido o averiguar quién le robó algún objeto o “le atrasó” con su mujer. No he escuchado de alguien que haya predicho un evento futuro, pero…

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