La escasez de combustible en Iquitos vuelve a poner en evidencia una de las mayores vulnerabilidades de la Amazonía peruana: su limitada conectividad con el resto del país. A diferencia de la mayoría de ciudades del Perú, Iquitos, no está conectada por carretera con la red vial nacional. Esta condición geográfica hace que el abastecimiento de combustibles dependa principalmente del transporte fluvial y aéreo, lo que convierte cualquier interrupción logística en una crisis inmediata para la población.
Cuando el combustible escasea, no solo se paralizan los vehículos particulares, sino también el sistema de transporte que sostiene la vida cotidiana de la ciudad. En Iquitos, los motocarros colectivos son el principal medio de movilización para miles de ciudadanos. Las interminables colas de conductores buscando gasolina o diésel reflejan una economía urbana que queda prácticamente en pausa, donde trabajar, estudiar o simplemente desplazarse se vuelve un desafío diario.
El problema del desabastecimiento no es nuevo en la región pero cada episodio revela la falta de planificación estructural para garantizar el suministro de recursos básicos.
La dependencia de rutas fluviales, los retrasos en la llegada de embarcaciones con combustible y la limitada capacidad de almacenamiento local dejan a la ciudad expuesta a crisis recurrentes que afectan directamente a transportistas, comerciantes y familias.
Es un llamado urgente a replantear las políticas de conectividad y abastecimiento para la Amazonía. Garantizar cadenas logísticas seguras, fortalecer los sistemas de almacenamiento y diseñar soluciones sostenibles para el transporte no solo evitaría las largas colas de motocarros, sino que permitiría a Iquitos superar una fragilidad histórica que, cada cierto tiempo, vuelve a paralizar a toda la ciudad.
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La crisis del combustible
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