-Nadie soporta los cerca de 120 decibeles. ¡Excesivos!
-Sin embargo lo soportamos, mientras que los motocarristas y conductores de motos se han acostumbrado.
«Deben plantear estrategias, revisando vehículos, haciendo campañas para aplicarlos en esos motocarros que hacen ruido.»
La contaminación sonora es una de las problemáticas más persistentes en la ciudad, y en los años recientes, se ha intensificado enormemente. Los niveles de ruidos actuales (120 decibeles) han sobrepasado lo permitido por la Organización Mundial de la Salud que es de 70 decibeles.
El ruido se genera principalmente por el ausente uso de dispositivos silenciadores en los motocarros, motos y locales que colocan grandes parlantes en el exterior.
Basándonos en una encuesta realizada en el público (entre ellos, motocarristas y gente de a pie), se ha medido que el impacto del ruido genera molestias y preocupación en la población, muchos adormecidos con respecto al tema. «Francamente, la ciudad está contaminada, y el municipio no tiene ideas de qué forma evitarlo», aseveró un motocarrista.
«Deben plantear estrategias, revisando vehículos, haciendo campañas para aplicarlos en esos motocarros que hacen ruido.» Cuando se le preguntó sobre el dispositivo silenciador respondió: «A mí no me gusta que mi vehículo suene como muchos. Siendo nuevos, hacen mucho ruido», dijo un conductor de motocarro.
«Con ruido no se puede hacer nada», indica Javier Llerena (46 años). «Es importante colocar silenciador en los vehículos. Mi vehículo está normal, debido que el ruido afecta a las personas», tratando de asegurar que piensa en sus pasajeros y eso es una buena señal.
«Mayormente, las motos con tubos alterados son las que más molestan…» asevera José Conde, un motocarrista, quien agregó que mayormente son los jóvenes quienes manipulan el tubo de escape de sus vehículos, muy probablemente para presumir velocidad como una hazaña. Se sabe que está técnicamente descartada cualquier relación del tubo con la velocidad.
El encuestado Conde para validar que usa silenciador en el tubo de escape, demostró la eficacia en su motor arrancando su vehículo. En efecto el ruido era menor, aunque todavía incómodo al oído.
Existe un gran contraste entre los motocarristas y los transeúntes. Los peatones son los principales «espectadores» de toda esta contaminación sonora, y generalmente perciben mejor y, a su vez, pueden sentirlo como angustiante y estresante.
Mientras tanto, los motocarristas y conductores, quienes están más metidos en el movimiento vehicular, no reconocen el caos sonoro debido a que se encuentran fuertemente adormecidos por el intenso ruido. Por eso, la contaminación sonora ha ocasionado que por años esto se haya convertido en una mala costumbre, en un bullicio vehicular en Iquitos. Hasta nos parece normal.
«Es un caos. Si queremos que la ciudad esté más tranquila, las autoridades deben aplicar con firmeza las reglas de tránsito para bajar esta molestia que se tiene todos los días», indica Néstor Tananta, un transeúnte que muestra su preocupación.
Si no se genera un cambio en el tránsito vehicular, el ruido podría aumentar y generaría molestias inimaginables en la población en los próximos años. Algo que no se quiere para una ciudad con un perfil muy turístico y ecológico. (PM/DL)





