- Hace más de tres décadas que siembra árboles frutales en ese lugar para bien de los turistas y habitantes de la ciudad.


Sí, hay muchos turistas y lugareños que cuando ven un atardecer hermoso, van hasta la curva a apreciarlo y tomar fotos. Pero los árboles frutales sembrados por ella desde hace décadas, también dan sombra a las muchas ventas que se han ubicado en la mencionada zona.
Lo malo del lugar, siguen siendo los olores fétidos que emanan de los desagües que ennegrecen el lago, cuando está crecido el río. Los disimula. Pero ahora en vaciante el olor y el espectáculo, resulta inaceptable. Irrespirable.
Hilmercita cuenta que vivía en Belén, pero un incendio de proporciones hizo que su familia fuera a vivir a Moronacocha. Se casó con Eugenio y tuvo 3 hijos. Una de ellas está en el extranjero, pero ella no quiere ir por allá, dice que acá vive tranquila, ahora con la pena de la partida de Eugenio.
“Prácticamente yo soy la madre de la curva de Moronacocha, tengo años acá. Y esos árboles frutales que ven al frente, los he mandado a sembrar. Vi que muchos turistas venían al lago y se protegían del sol con sus manos, con sus sombreros, por eso dije voy a sembrar árboles. La mayoría tiene más de 30 años.
Hay plantas de mango, aguaje, coco, mamey, castañas. Tengo seguridad, pero aun así a veces hay gente que viene y se lleva los frutos cuando están verdes, eso no está bien. Yo pensé, por qué en una ciudad donde hay tantos árboles, no puede haber en esta zona y ahí empecé a sembrar, ahora me siento orgullosa de brindar sombra y aire a tanta gente” dice ella.
Finalmente, hizo un llamado a las nuevas autoridades para que mejoren las obras dejadas por las anteriores; como, por ejemplo, que se haga el alcantarillado para que los desagües no vayan crudamente al lago, malogrando todo el paisaje. Y, además, invadiendo el ambiente con malos olores. Muy bien por ella y su labor ambiental.





