Fui su secretario cuando presidió la segunda promoción agustiniana de 1957 que llevó el nombre de Francisco García Sanz, en la que mostró su condición de líder porque hizo realidad interesantes propuestas que comenzamos a activar desde el año anterior.
Ambos ingresamos a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, él para cumplir su vocación de convertirse en un buen abogado defensor de causas nobles y justas y el autor de esta nota en la Facultad de Ciencias Económicas que no concluimos por seguir en nuestro supremo anhelo: el Periodismo y la Locución. Coincidimos en una misma pensión en la que me acompañó en una gresca juvenil defendiendo el honor de la mujer loretana. Desde entonces sabíamos que ese era el destino que nos esperaba.
Ya en Iquitos hicimos realidad nuestros sueños y esperanzas, el ejercicio de su profesión fue una de las más brillantes, asesorándonos cuando en el ejercicio de nuestra labor urgía de sus servicios. Aquí demostró su espíritu rebelde, su capacidad para litigar y su liderazgo político fundando el Movimiento Regionalista Loreto que propició la aparición posterior de otras instituciones políticas loretanas con los mismos fundamentos enarbolados por Jorge Luis, que además de hombre de leyes se daba tiempo para pergeñar poemas, reflexiones, practicar el básquetbol, brindar apoyo a grupos artísticos y desarrollar actividades empresariales vinculadas a la construcción y a la comunicación.
Jorge Luis como buen iquiteño era un gran admirador de Fernando Lores, de su valentía y heroísmo defendiendo a la patria, por lo tanto no desaprovechó la oportunidad de disponer como alcalde de nuestra provincia, la construcción del monumento que reconociese la inmolación del Sargento que prefirió la muerte antes de entregar suelo peruano al enemigo.
Resultaría extenso hacer memoria de los hechos y los mensajes que ha dejado Jorge Luis para la historia de nuestro pueblo, por lo tanto sólo queremos dejar constancia con esta nota, de su capacidad intelectual y su enorme calidad humana como paradigmas que las nuevas generaciones deben poner en práctica.
De esa promoción agustiniana quedamos pocos, que mientras veamos pasar las nubes del tiempo por nuestros cielos, seguiremos recordando con tristeza a Jorge Luis Donayre Lozano, “el hijo del pueblo”, como él mismo se reconocía. (Augusto “Tito” Rodríguez Linares)
Lo Último
Hasta pronto Jorge Luis
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Donayre deja una emisora que no deberá usarse para medios sectarios, sino para contribuir a la educación ciudadana. Es la mejor honra que deberán guardar a su memoria, aquellos periodistas capaces de equilibrar entre el interés personal y el interés social. Pues hubo penumbra en el caso de la «pérdida» de firmas de revocatoria, como hubo luz en el caso de las denuncias a las deficiencias del PTAR. Jorge Luís Donayre, es patrimonio de la educación ciudadana en Loreto.