POR: JUAN SOREGUI VARGAS.
En los reportes de elevación del nivel de agua de nuestros ríos amazónicos, diferentes medios hacen mención a cotas referidas al río Amazonas, especialmente relacionados con Iquitos. Gracias a Dios que el río Amazonas se ha alejado de la ribera de nuestra ciudad, hace décadas y nos besa el río Itaya, con un caudal suave. Los que vivimos en esta metrópoli hace años, recordamos los desbarrancamientos de aquellas décadas de nuestra ribera izquierda por efecto del caudaloso y majestuoso Amazonas con la complicidad de autoridades y funcionarios gubernamentales que no tuvieron la visión de elaborar proyectos preventivos con tecnología moderna para defender esta zona.
Pero este favor de papá lindo, viene con una serie de ventajas aprovechadas por pobladores creativos y bizarros. Estuvimos leyendo en este diario que en cierto sitio inundado, algunos jóvenes han implementado canoas turísticas. En estas embarcaciones dan paseos a personas que visitan esas zonas, vendiéndoles de paso algunos bocaditos, como juanes, pescado ahumado, pijuayo, dale dale, etc. Como dice la biblia, no hay mal que por bien no venga, estos pobladores que tienen dignidad para vivir generan sus recursos económicos. Este es un ejemplo que deben aplicar, con otras actividades, todas las personas que viven en estas zonas que se inundan con este fenómeno natural, con implementación de viviendas que se adecuen a los fenómenos de vaciante y creciente como lo presentamos en un proyecto; es decir, en reemplazo de gastar dinero en donaciones que van a manos y bolsillos sucios y pobladores haraganes, concretar programas proactivos que se hacen en todas partes del mundo.
Estos paseos turísticos por agua no son de ahora. Por el bajo Belén, por ejemplo, en nuestros años mozos, un amigo íntimo alquiló una embarcación con un buen proero y se internó con su Julieta entre los gramalotales y hierbales como Tarzán y Jane; con los ayes onomatopéyicos asustaban a las vaca marinas que todavía existían por diferentes zonas del río Itaya. Hasta que en un momento, el distraído conductor chocó con una tremenda quiruma de renaco y pataclán al agua. Salvada la Julieta del ambiente acuático ahora había que secar su vestido, dice mi amigo que lo hicieron en una tullpa en la balsa de una viejita, luego compraron 20 cunchis pescados debajo de la balsa y con eso llegaron a la casa de la mina, para reparar el pecado no consumado ni consumido. Nada, después que la familia comió esos hermosos y gordos cunchis, le dieron a la baybi una ishangueada para calmar sus pasiones. Por lo que respecta al Romeo moderno, en ese tiempo soldado de cristo (pertenecía a acción católica), no se acercó más a la nena. Incluso, en misa, cuando el soldado de cristo iba a recibir la hostia, la matrona que comió los cunchis del pecado le decía: hipócrita, le voy a decir al padre que no te dé el cuerpo de cristo. Este paseo de mi amigo fue en realidad un turismo de aventura que ahora se actualiza en nuestra memoria para sugerir que en vez de estar maldiciendo y declarando que son damnificados, agradecer a Dios porque no es el torrentoso Amazonas el que golpea nuestra ribera, y aprovechar las ventajas de una creciente, que como en un reportaje de este diario se observa a pobladores ganando platita con actividades turísticas en medio de la inundación. Eso sí, no utilizar la canoa como tálamo de pasiones.





