La falta de gasolina en Iquitos vuelve a poner sobre la mesa una realidad que Loreto conoce demasiado bien: cuando falta combustible, no solamente se paralizan los vehículos, también se afecta el transporte fluvial, el comercio, los servicios y la economía de miles de familias. En una ciudad cuya conectividad depende fundamentalmente de los ríos y del transporte interno, garantizar el abastecimiento de combustible no es un asunto secundario; es una condición básica para que la región funcione.
Lo preocupante es que no estamos frente a un problema nuevo. En anteriores episodios de desabastecimiento, Loreto ya ha vivido las consecuencias de depender de una cadena de suministro vulnerable. Cualquier interrupción logística termina repercutiendo directamente en Iquitos y en las comunidades del interior. El combustible es indispensable para el transporte, la generación eléctrica, la actividad productiva, la aviación y miles de establecimientos de la Amazonía.
Por eso, este momento también debe servir para medir el verdadero trabajo de nuestra representación nacional. El senador y los diputados por Loreto no pueden limitar su función a acompañar ceremonias, participar en reuniones o emitir declaraciones cuando el problema ya está instalado. La población necesita que utilicen su capacidad política para exigir respuestas concretas al Gobierno y a las instituciones responsables del abastecimiento. ¿Cuánto combustible existe? ¿Cuándo llegará? ¿Cuál es la causa real de la escasez? ¿Qué plan de contingencia existe para evitar que vuelva a ocurrir?
Loreto necesita representantes que conviertan sus problemas cotidianos en asuntos de Estado. La condición de aislamiento geográfico de Iquitos exige soluciones diferenciadas y permanentes. No podemos esperar que cada vez que baja el nivel de los ríos, se interrumpe una ruta o aparece un problema logístico, la población tenga que hacer colas y enfrentar incertidumbre para conseguir combustible. Se necesita previsión, reservas y una estrategia que garantice el abastecimiento durante todo el año.
El senador y los diputados tienen, entonces, una oportunidad para demostrar para qué sirve realmente una representación parlamentaria de Loreto. Deben impulsar una mesa de trabajo permanente con el Gobierno y las empresas responsables del suministro, exigir un sistema de reservas estratégicas para la región, promover alternativas logísticas para los periodos críticos y defender inversiones que garanticen seguridad energética para Iquitos y las provincias. No se trata solamente de solucionar la escasez de hoy, sino de impedir que el mismo problema vuelva a repetirse mañana.
La población loretana no pide privilegios. Pide que el Estado entienda que Loreto tiene una realidad distinta y que, por esa razón, necesita respuestas distintas. La falta de gasolina es una señal de alerta que no puede ser ignorada. El senador y los diputados tienen la responsabilidad de hacer escuchar la voz de Loreto donde se toman las decisiones. Y esa voz debe traducirse en resultados: combustible disponible, transporte funcionando y una región que no vuelva a quedar paralizada por problemas que, con previsión y voluntad política, deberían poder evitarse.




