El Consejo Nacional de la Magistratura ha sometido a evaluación a proceso de evaluación integral y ratificación a más de cien magistrados de diversas partes del país. La medida es por mantener en buena salud el poder Judicial como máxima entidad que administra justicia.
El ejercicio de la ciudadanía tiene mucho que ver en este tema tan delicado como importante en la vida de la sociedad peruana. En este caso, el Consejo Nacional de la Magistratura hace un llamado a los ciudadanos a que aporten motivos y pruebas por los que algunos magistrados no debieran ser ratificados en sus cargos. Pruebas fehacientes e irrebatibles que sustenten el pedido, serán suficientes para que no sean ratificados, ya que con eso se demostraría que no son aptos y que no tienen la conducta y la idoneidad como para ejercer justicia.
Saludamos una vez más que el Consejo Nacional de la Magistratura se preocupe por la función de los magistrados que no por el hecho de serlo estén exentos de una evaluación, como debiera ser en todas las instituciones públicas. Funcionario que haga mal uso de sus funciones, que se aproveche del cargo para su bienestar personal, tiene que ser denunciado con pruebas para que se le evalúe y se le abra el proceso correspondiente.
La justicia en el Perú está cambiando. Ya no estamos en aquellas épocas en que un juez o un miembro de una corte y hasta el secretario de un juzgado eran personas a las que la gente respetaba en extremo y temía porque una sola palabra de ellos era cárcel hasta nunca. Es así como con el paso de los años y los nuevos cambios que se suceden en el mundo, obligan la desaparición de feudos donde las autoridades mandaban como Pedro en su cocina y eran intocables. Vemos que eso se ha superado con creces, lo que nos hace un mejor país.
Es difícil ejercer justicia en un pueblo donde la corrupción ha hecho presas a autoridades y ciudadanos. De ahí que quienes ejercen la administran, deben conducirse con honestidad y dignidad tanto en su vida personal como funcional, para que nadie le pueda señalar con el dedo acusador.






