Loreto no puede darse el lujo de esperar a que las consecuencias sean evidentes para recién descubrir que estamos en emergencia. El Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN), comité científico y técnico que reúne a instituciones del Estado peruano para monitorear y evaluar el comportamiento del océano y la atmósfera frente a El Niño y La Niña, viene advirtiendo de un escenario que exige máxima atención. El llamado “Súper Niño” podría tener efectos particularmente delicados en nuestra región, no necesariamente por lluvias torrenciales, sino por un escenario de menor precipitación que podría comprometer el comportamiento de los ríos y, con ello, la vida económica y social de Loreto.
Para los loretanos, esta situación está lejos de ser un asunto exclusivamente meteorológico. El descenso de los niveles de los ríos puede dificultar la navegación, afectar el traslado de pasajeros y mercancías y complicar el abastecimiento de las comunidades ribereñas. En una región donde el transporte fluvial continúa siendo fundamental, cualquier alteración significativa en las condiciones de navegación termina repercutiendo en miles de familias.
El impacto también puede sentirse directamente en la economía de los hogares. Si trasladar alimentos, combustible o medicinas requiere mayores esfuerzos y costos, inevitablemente esos gastos terminan trasladándose al consumidor. A ello se pueden sumar dificultades para determinadas actividades productivas y mayores problemas para garantizar el acceso al agua en algunas localidades. Un fenómeno climático puede terminar convirtiéndose, así, en un problema económico y social.
Lo más preocupante es que mientras en otras regiones del país la amenaza puede expresarse principalmente mediante lluvias intensas, huaicos e inundaciones, Loreto podría recibir el golpe desde una realidad completamente distinta. Esta diferencia debería obligar a las autoridades a diseñar una respuesta específica para nuestra Amazonía. No basta con repetir protocolos nacionales ni esperar que desde Lima se definan soluciones para un territorio cuyas características geográficas y necesidades son completamente diferentes.
Por eso, las autoridades regionales y nacionales tienen que actuar antes de que el escenario se complique. Hay que preparar planes de contingencia para las comunidades ribereñas, garantizar el abastecimiento de agua, alimentos y medicamentos, evaluar las rutas de navegación, identificar los puntos críticos y disponer de recursos para responder rápidamente ante cualquier interrupción de los servicios básicos. La prevención no puede reducirse a reuniones, declaraciones o documentos. Tiene que traducirse en acciones concretas y recursos disponibles.
El Amazonas nos está dando una advertencia y sería irresponsable ignorarla. Loreto ya conoce el costo de reaccionar tarde. El “Súper Niño” puede convertirse en una amenaza importante, pero también puede ser la oportunidad para demostrar que aprendimos de experiencias anteriores. No esperemos que una emergencia nos encuentre improvisando. Las autoridades tienen información, tienen tiempo y tienen la obligación de prepararse. Porque en Loreto, prevenir no es alarmismo: es entender que una región tan dependiente de sus ríos no puede permitirse enfrentar otra crisis con los brazos cruzados.
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El Súper Niño y el peligro para Loreto
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