Un puente que presenta un desnivel visible y que lleva más de un año en esas condiciones no es simplemente una infraestructura que necesita mantenimiento. Es una advertencia. Y cuando esa advertencia proviene de los propios vecinos que utilizan diariamente el lugar, ignorarla deja de ser una omisión menor y comienza a convertirse en una irresponsabilidad que puede terminar costando mucho más que una reparación.
El puente peatonal del puerto Ganso Azul es utilizado todos los días por personas que no tienen otra alternativa para movilizarse hacia y desde esta zona. Niños, adultos mayores, comerciantes, pasajeros y familias están obligados a cruzar una estructura cuyo estado genera preocupación. No estamos hablando de un puente abandonado en un lugar sin tránsito; hablamos de un acceso cotidiano cuya seguridad debería ser una prioridad.
Lo más grave es que, según los moradores, la situación no apareció ayer. El problema habría sido advertido durante más de un año e incluso comunicado a las autoridades. Si esto es así, resulta difícil entender por qué todavía no existe una respuesta concreta. ¿Cuánto tiempo debe transcurrir para que una advertencia sea tomada en serio? ¿Hace falta que alguien caiga para que recién se actúe?
Las autoridades tienen una herramienta elemental para despejar cualquier duda: una inspección técnica. No corresponde que funcionarios ni vecinos determinen desde la superficie si el puente está en condiciones de seguir operando. Corresponde que especialistas evalúen la estructura y establezcan si puede continuar siendo utilizada, si requiere un reforzamiento inmediato o si debe restringirse el tránsito mientras se ejecutan trabajos.
Porque el verdadero costo de la indiferencia no se mide únicamente en dinero. Si una estructura deteriorada provoca un accidente, aparecerán las explicaciones, los comunicados, las responsabilidades que nadie quiso asumir y, probablemente, la pregunta inevitable: ¿por qué no se actuó cuando todavía había tiempo? Esa pregunta ya no debería formularse después de una tragedia.
Punchana no puede acostumbrarse a vivir esperando que la infraestructura colapse para recién reaccionar. El puente Ganso Azul merece una evaluación seria y una decisión inmediata. Si está en condiciones de seguir funcionando, que se diga técnicamente; si necesita intervención, que se haga; y si representa un peligro, que se restrinja el paso. Lo que no puede seguir ocurriendo es que la autoridad espere que el puente dé la última señal: caer.
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El puente no puede esperar al accidente
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