Resistencia a la evangelización del siglo XVIII en la Amazonía
Escribe Pedro Mozombite
(Cronista)
pmozombite01@gmail.com
La familia Tukano se localiza en el noroeste de la Amazonia, en territorios de Brasil, Colombia, Perú y Ecuador. Se cree que esta familia protagonizo un movimiento de dispersión geográfica proveniente de la actual Colombia. En la actualidad, este pueblo prefiere la denominación Maijuna, que en su lengua originaria significa ‘nosotros mismos’. Además, esta palabra es usada entre los Maijuna para referirse a los cuerpos celestes como la luna y el sol. Tradicionalmente, esta lengua ha sido conocida también como orejón, aunque hoy los hablantes prefieren llamarla Maij?ki. Hoy en día, es una lengua en serio peligro de extinguirse debido a que no se transmite a las generaciones más jóvenes.
En Perú se encuentran en la región de Loreto entre los ríos Yanayacu, Sucusari, Algodón y Putumayo. A mediados de los años setenta este grupo tenía una población entre 190 y 600 personas (Uriarte, 1976; Wise y Ribeiro, 1978).
La disminuida población denota la situación inestable de ambos grupos. Existen dos tipos de grupos: en contacto intermitente y en contacto permanente. Los primeros llevan los cabellos largos, se pintan el cuerpo y se perforan los lóbulos de sus orejas para decorarlos con palos o plumas; en cambio, los segundos se afeitan las patillas, llevan pelo corto, y antiguamente colocaban discos de hasta 15 centímetros en sus lóbulos.
Son conocidos como orejón, maijiki, payagua, entre otras denominaciones. El nombre orejón les fue dado por tener sus orejas deformadas por discos de balsa. Sin embargo, ellos suelen autodenominarse con el vocablo Mai huna que pertenece a su lengua ancestral.
Los orejones descienden de los payaguas, grupo Tukano occidental. Con el primer contacto europeo se desplazaron al extenso territorio entre los ríos Napo, Putumayo y Caquetá. Este movimiento fue resultado de diversas migraciones y relaciones interétnicas con otros grupos tukano occidentales y otras familias lingüísticas. De hecho, durante los siglos XVI y XVII, fueron considerados como «encabellados».
Durante el siglo XVI, fueron llevados a zonas de extracción de oro para trabajar como servicio personal de los encomenderos. A fines del siglo XVII, los payaguas huyeron al alto Magdalena, pero fueron nuevamente atrapados bajo el sistema de encomiendas. Hacia 1964, después de constantes rebeliones, quedaron libres de los encomenderos que no se atrevieron a ingresar en su territorio.
En el siglo XVIII los payaguas, junto con otros grupos Tukano, fueron reducidos por los misioneros jesuitas al sur y por los franciscanos al norte. Sin embargo, los misioneros no lograron sedentarizarlos. Una vez obtenidas las herramientas de metal huyeron nuevamente al bosque, sembrando continuamente el desorden en las diferentes misiones. A fines del siglo XVIII una parte de los payaguas se asentó en la zona del Napo, territorio reconocido como tradicional por los actuales orejones. Los indígenas se caracterizarían por su inestabilidad y su rechazo a la vida misional. En 1761, después de una epidemia de viruela, un grupo de ellos abandonaría dichas misiones.
A inicios del siglo XIX, los payaguas son absorbidos por otros grupos Tukano occidentales, como los siona y macaguaje. La nueva Republica del Perú, propicio en esos años la inmigración europea y el establecimiento de colonos en la Amazonia. De esta forma, entraron nuevos patrones que acabarían sometiéndolos a trabajos forzados.
A fines del siglo XIX, se desarrolló la explotación del caucho y cayeron bajo el dominio de sucesivos patrones dedicados a esa actividad. Durante este periodo estos dan a los orejones los nombres de los ríos que ocupaban. En esta época se dedicaron principalmente al transporte del caucho de la cuenca del Napo a la cuenca del Putumayo, y a abastecer de lena a los barcos a vapor.
A fines del siglo XIX, 300 familias de orejones vivían entre el Yanayacu y el Sucusari. Igualmente se reportó la existencia de 500 orejones en la Laguna del Zapote y el rio Sucusari (Bellier, 1983).
Hacia 1925, recibieron por primera vez la denominación de indios koto u orejones. Hacia fines de este periodo cesaron las guerras intratribales, por falta de guerreros debido a la considerable caída demográfica. Fue entonces cuando empiezan a abandonar sus adornos étnicos tradicionales, iniciando de esta forma una mayor integración a la sociedad regional. Entre 1920 y 1940, los orejones fueron empleados en la explotación de leche caspi, madera de rosa, marfil vegetal y pieles de animales.
Ya en el siglo XX, Gilmore (2010) sostiene que, durante la guerra con Ecuador en 1941, los maijuna trabajaron cargando municiones y provisiones de los soldados.
La pauta tradicional de asentamiento tukano consiste en malocas, grandes casas comunales bien construidas, diseminadas en amplias áreas y habitadas por familias extensas. Finalmente, en los últimos tiempos los orejones por influencia de los colonos kichwa y mestizos han institucionalizado del compadrazgo. Tradicionalmente, los Maijuna vivían en grandes casas multifamiliares, denominadas “gran casa”, rodeadas de pequeñas casas para dormir conocidas como “casas mosquito”.
Durante la década de los años 70, los orejones se dedicaron a la explotación de madera, trabajando para patrones ubicados en las cercanías de su territorio. Ante la desaparición de las especies madereras de mayor valor en el mercado, los patrones del Napo intentaron reconvertirlos en productores agrícolas para satisfacer la demanda de alimentos.
En la cosmovisión tukano, el creador del mundo es el padre Sol, dios antropomorfo que concibió un cosmos de tres niveles compuesto de un disco terrestre plano, una bóveda celeste y una región paradisiaca situada bajo la tierra. Pobló luego la tierra y creo los animales y las plantas, dando a cada especie un conjunto de normas de conducta de acuerdo a las cuales deberían vivir y multiplicarse. Pero el Padre Sol solo creo un número limitado de animales y plantas, y puso estas dos categorías bajo el cuidado constante de ciertos seres sobrenaturales que habrían de resguardarlas y protegerlas contra eventuales abusos.
La creación no fue llevada con un único acto, sino que es continua y sin interrupción, pues desde el principio el Padre Sol ejerce una fuerza fertilizadora. Es la energía del Sol, concebida por los Tukano como luz y calor seminal, la que hace que las plantas crezcan, los frutos maduren y los hombres y animales se reproduzcan; energía creativa no solo en el sentido germinal, biológico, sino también en el sentido de iluminación espiritual y adquisición de sabiduría.
Fuente:
- P. Mayor, J. Álvarez, J. García y R. Bodmer, “Pueblos indígenas de la Amazonía peruana”, p. 433, 1979, Iquitos-Perú.
- https://bdpi.cultura.gob.pe/pueblos/maijuna







