Todo poblado que con los años se vuelve ciudad, pierde su tranquilidad, se vuelve más agitado, muchas veces violento y peligroso al extremo que la misma policía se ve en aprietos para controlar la situación.
Hace mucho tiempo Iquitos ha dejado de ser ese pueblo apacible, donde sus vecinos se conocían, donde las familias destacaban por las actividades a que se dedicaban. Hoy, como toda metrópoli, tiene muchos peligros a los que hay que combatir, irremediablemente con violencia, con armas. La situación que se vive no es para sonreír. A plena luz del día los asaltos a mano armada, los arranchamientos de carteras y celulares, los asaltos a casas comerciales y domicilios son demasiado frecuentes.
Pero la noche es más peligrosa aún. Los centros de esparcimiento están vigilados por asaltantes que cuidan a sus víctimas para que cuando salgan les ataquen. Cuentan con vehículos y celulares para comunicarse entre los miembros de la banda, mientras el sistema de seguridad ciudadana no posee los instrumentos necesarios para poner en orden la ciudad.
Eso ha tenido que motivar en las autoridades la preocupación para adoptar medidas necesarias que le garanticen al vecindario su tranquilidad. Es así que el Comité Provincial de Seguridad Ciudadana aprobó mejorar el sistema integral de seguridad ciudadana en Iquitos metropolitano, implementando el Plan Zanahoria en los distritos adyacentes de Belén, Punchana y San Juan Bautista con una red de videovigilancia y comunicación con una base central interconectada a fin de realizar operativos conjuntos en lo que se refiere a intervención de locales de diversión.
Con esto se espera limitar la venta de bebidas alcohólicas que hoy se da hasta avanzadas horas de la madrugada, el no ingreso de menores de edad a locales de baile y bares. Esto se ha debido hacer desde mucho antes, pero las rivalidades políticas de las anteriores autoridades impidieron llegar a acuerdos en bien de la colectividad, lo que nunca ha debido ser así.
La implementación debe darse inmediatamente para devolver, siquiera en parte, algo de tranquilidad a la población, que hoy vive a salto de mata, cuidándose de la delincuencia que día a día aumenta. Es hora de ponerse los pantalones.





