- Quien falleció en fatídico accidente de tránsito
Lai Yang Chú García, hermana de Lai Sam Chu García, quien lamentablemente perdió la vida en un accidente de tránsito la mañana del miércoles último, tuvo palabras conmovedoras para su hermana a través de su cuenta de Facebook. La médico cirujano, egresada de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana, quien se encuentra en la ciudad de Yurimaguas, escribió entrelíneas lo mucho que va extrañar “las largas charlas de dos horas”, “los chismes de madrugada”, entre otras cosas.
Lai Yang escribió: “Hace un poco más de 3 años fue la última vez que salimos juntas, prácticamente me sacaste de la cama, jamás había ido a una reunión a divertirme tanto sin una gota de alcohol y sin bailar. Solo nos sentamos y nos reímos todo el rato… Nos reímos de todo, por todo…
3 años y un poco más después, te vi en un primer video y supe que eras tú. No quise llorar hasta convencerme, pero mi alma sabía que eras tú. Minutos después, tu nombre ya estaba por todos lados, pero no de la manera en que te hubiese gustado.
Tu vida entera se me pasó por los ojos, como si me estuviese muriendo yo. Y es que te conocí desde antes de la barriga, te amé desde tu primer corazón roto, y te guardé para siempre. Nos unimos tanto que éramos tan pero tan parecidas en casi todo, compartíamos casi la misma sonrisa, la misma manera de soltar carcajadas, los vestidos, la manera de peinarnos, el cabello largo, las uñas largas, el maquillaje, la pasión por el basket, la manera de dibujar, de pintar, de escribir, la firma… Mamá Delia, papi Simón y mamá solían preguntar: eres Lai Yang o Lai Sam? Porque dicen que hasta tenemos el mismo tono de voz, la misma manera de hablar, hasta la misma manera de caminar. Eres mi medio yo, y yo soy tu medio tú; eres mi hermanita (aunque más alta y con media mano más grande que la mía pero siempre mi hernanita), mi mejor amiga, mi más grande dolor de cabeza… Y ahora el de toda mi alma…
No me duele tu dolor porque sé que ya no existe más donde tú estás. Me duele, egoístamente, lo que ya no tendré de ti. Esos “oie chumapi, cómo estás?”… “ñañiii te cuentooo”… “me vas a matar, no te molestes”… “ñañiii una calientitaaa”… “oie cholita, dimeee”… “cómo está mi bbcito”. Esas llamadas de 2 horas, los chismes de madrugada. Reír hasta llorar y llorar hasta reír. Los rajes, siempre había de qué hablar y casi siempre las baterías de los teléfonos no alcanzaban para más charla. El viaje de chicas que tanto habíamos querido hacer y lo tuvimos que postergar por la pandemia, viajar solas, tú y yo, a la playa.
Querías vivir, y lo estabas hanciendo… al fin!!! Estoy tan orgullosa de lo que estabas logrando. Habías encontrado tu propio camino…
Querías venir a Yurimaguas, aunque yo quería ponerte en cuarentena, te daba igual. Quizá ahora estás aquí, viéndome escribir, moqueando con la cara hecha mierda… Y, conociéndote, estarás “ay ñañi, todo va a estar bien”. En eso nos diferenciábamos: tú, dulce y yo, emputada; tú, pensando y yo, actuando; tú con tus acertijos y yo, hablando de frente; tú; llorando y yo, consolando… Ahora te toca…
No me pesa en la conciencia la distancia porque siempre estuvimos juntas. No me pesa ni el pasado ni el presente porque lo vivimos y lo aprovechamos bien, siempre. Solo me pesa el saber que ya no te tendré, físicamente.
El único consuelo que queda es que tus hijas siguen siendo las mías (las que siempre quise y no tuve) y mi hijo sigue siendo el tuyo (el que siempre quisiste y no tuviste), me quedo aquí para cuidarlos hasta que llegue el día de volver a verte y reír juntas a carcajadas de todas las tonterías que nos pasan… Reír tanto como hace un poco más de 3 años…
Te amo cholita y aunque parezca una loca seguiré hablando contigo. Te llevaré en mi nombre, mis apellidos, mi tipo sangre, mi letra, mi firma, mi voz, mi manera de caminar, en mi vida entera…
Y como solíamos decir (y solo nosotras lo entendíamos): “besito en tu poto”
(C. Ampuero)






