- Líder del sector Yurapaga acusa desinformación tras el desastre ambiental y pide presencia de autoridades ante contaminación
“¡No fuimos nosotros!”, expresó con firmeza Otoniel Shajian Shawit, presidente del pueblo Awajún del sector Yurapaga, al negar rotundamente que su comunidad haya tenido participación en el presunto sabotaje al Oleoducto Norperuano. Las acusaciones surgieron tras el reciente derrame de crudo ocurrido en el distrito de Manseriche, provincia del Datem del Marañón, Loreto.
En entrevista, el dirigente indígena aclaró que las imágenes que circulan en redes sociales no corresponden a Yurapaga, sino a miembros de la comunidad Sinchi Roca. Sin embargo, la contaminación del derrame ya alcanzó los ríos y territorios de Yurapaga y Orpasti, afectando gravemente la pesca y el agua para consumo humano.
Shajian subrayó que, a diferencia de otras localidades, su comunidad ha permitido el ingreso de técnicos del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) y de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) para que evalúen los daños. “Nuestras aguas están contaminadas, los peces mueren y nuestras familias están en riesgo. ¿Quién puede quedarse quieto ante eso?”, cuestionó.
El líder Awajún exigió una reunión inmediata con representantes de Petroperú y de la Presidencia del Consejo de Ministros, así como compensación ambiental por los daños ya sufridos. También pidió acciones concretas para prevenir nuevos derrames en sus territorios. “No somos los violentos, somos los afectados”, recalcó.
El derrame en Manseriche se suma a una preocupante serie de incidentes: según informes del OEFA, ya son 16 los derrames registrados en lo que va del año en Loreto. Esta situación refleja una crisis ambiental y social creciente, marcada por la lentitud en las reparaciones, la ausencia de diálogo intercultural efectivo y una ola de desinformación que estigmatiza a las comunidades indígenas.
Mientras tanto, Yurapaga y otras comunidades esperan una respuesta urgente del Estado. No solo buscan limpiar sus aguas, sino también limpiar su nombre frente a acusaciones infundadas que agravan su vulnerabilidad y ocultan la real emergencia ambiental que enfrentan.
(K. Rodriguez)





