- Sendas cartas y otras señales anunciarían su decisión de quitarse la vida.
- “No tengo dinero para un ataúd, quiero que mis cenizas no sean un peso” habría escrito.

Paul murió terriblemente uno de los días del mes de abril 2019. En la crisis más grande de la pandemia en Iquitos, cumplió un año de ausencia eterna, aunque el recuerdo de su obra en defensa del medio ambiente y apoyo a muchos jóvenes indígenas, no se ha extinguido.
Se pudo conocer de buena fuente que la fiscalía que lleva el caso declarado como complejo, estaría ya cerrándolo dentro de poco. Únicamente está en espera de la opinión de un médico legista de Lima respecto a los resultados de la necropsia en Iquitos.
Y es que los resultados de necropsia en Iquitos, de manera rápida, arrojaron que el hermano Paul primero había muerto y luego apareció quemado. Ya que no tenía monóxido de carbono en la sangre. Y al no aparecer ese monóxido se dedujo que la persona primero murió y después sería quemada.
Sin embargo, hay otras opiniones de profesionales, que señalan en cuanto a que sí existe la posibilidad que la persona que quiere morir, haga esfuerzos por contener la respiración al momento de prenderse fuego, por lo que luego no aparece el monóxido.
Se está en espera de esa opinión profesional para adjuntarla a las sendas cartas dejadas por el hermano, tanto a mano (sometidas a peritaje que arrojaron ser de él), como a computadora. Donde emite señales claras del deseo de partir de este mundo terrenal.
Incluso una parte donde dice: “No tengo para un cajón, un ataúd, quiero que mis cenizas no sean un peso”.
Y debe ser real, puesto que nunca se conoció que el hermano Paul haya cometido corrupción con el dinero de la congregación “La Salle”. Más bien dejó en esas cartas de despedida, las cuentas claras del dinero y bienes que administraba.






