- Para: Ernesto Heraud Montero Mori De: Tu familia y quienes te aman.
“Querido Ernesto:
Este sábado 9 de mayo se cumplen dos años desde que tu camino tomó un rumbo distinto al nuestro, hacia la eternidad. Dicen que el tiempo ayuda a sanar, pero en realidad, lo que hace es enseñarnos a vivir con este inmenso vacío, transformando el dolor de tu partida en la gratitud de haberte tenido.
Fuiste, y sigues siendo, el pilar de nuestra historia. Como Ingeniero, tu mente siempre buscó soluciones y construyó realidades; pero como esposo y padre, construiste algo mucho más duradero: un hogar lleno de valores, respeto y una calidez que el tiempo no podrá borrar. Un legado que vive en nosotros.
Tus hijos, Neyro Daniel y Sergio Gabriel, son el reflejo vivo de tus enseñanzas. En sus ojos vemos tu determinación y en sus actos, la rectitud que siempre te caracterizó. Yo, tu esposa, te sigo encontrando en cada rincón de nuestra casa, en los silencios que ahora lleno con tus recuerdos y en la fuerza que me dejaste para seguir adelante. Fuiste el compañero incondicional, el refugio en las tormentas y la mano firme que nunca soltó la mía, no solo fuiste un padre, sino el maestro que con su ejemplo les enseñó el valor del trabajo, la integridad y el amor.
En cada paso que ellos den, en cada logro y en cada decisión valiente, estarás tú guiándolos en silencio. Siempre en nuestra memoria. Quienes tuvieron el privilegio de conocerte, no solo recuerdan al profesional destacado, sino al hombre íntegro, al amigo leal y al ser humano de «recuerdos bonitos». Tu biografía no se escribe solo con títulos o logros laborales, sino con:
Tu integridad: Esa forma de caminar por la vida con la frente en alto.
Tu amor incondicional: Que fue el motor de nuestra familia.
Tu sabiduría: Siempre presente para guiarnos en los momentos
difíciles. Fuiste el amigo leal que siempre tenía el consejo justo.
El hermano que brindaba apoyo y mantenía a la familia unida.
El tío presente y el ejemplo a seguir para toda la familia.
Ernesto, aunque hoy no podamos escucharte, te sentimos en la brisa, en los logros de tus hijos y en la paz que llega cuando recordamos tu sonrisa. No te decimos adiós, porque nadie muere realmente mientras viva en el corazón de quienes lo aman.
Nos dejaste el vacío de tu presencia física, pero nos queda la inmensa fortuna de haber compartido tus días. Gracias por tu dedicación absoluta, por las horas de esfuerzo y por el amor incalculable que pusiste en cada rol que desempeñaste. Sigue cuidándonos desde esa dimensión donde la luz no se apaga. Aquí, nosotros seguiremos honrando tu nombre, viviendo bajo los valores que nos enseñaste y recordándote siempre con la admiración que solo un gran hombre merece.
Con amor eterno, tu esposa, tus hijos, Neyro Daniel y Sergio Gabriel. Descansa en paz, querido Ernesto. Aquí abajo, tu familia te recuerda con el amor más puro y la promesa de honrar tu nombre cada día de nuestras vidas”, escribió.





