Era finales de los años 70 que por esas cosas de la vida llegó a nuestras manos un libro titulado algo así como Urbanidad y Buenos Modales, era todo un descubrimiento de que encontráramos impreso lo que en la práctica ya hacíamos, y nos parecía elemental para una vida feliz, porque en familia se practicaba.
En el paso de los años se nos iba esclareciendo que a todos no les gustan los buenos modales, que tiene su base en el respeto hacia nosotros mismos y hacia las otras personas; aunque que muchos prefieren ser por soberbia o por presión de los genes, los que destrozan una buena y pacífica convivencia.
Y en estas últimas horas que se ha recordado la figura del héroe peruano Don Miguel Grau Seminario, almirante de la Armada Peruana que combatió en la Batalla de Angamos hace 141 años, frente a los chilenos, donde lamentablemente perdimos, pero ganamos todos, peruanos y chilenos, el ejemplo de un hombre caballero, sensible hasta en la adversidad y frente a la muerte.
Es el legado del llamado “Caballero de los Mares”, con sus virtudes que tanta falta nos hacen hoy, pero lo raro en nosotros los peruanos es que somos muy buenos para reconocer, pero a la hora de llevarlo a la práctica, mucho de análisis requiere nuestra conducta. Solo una muestra de lo que pregonan muchas autoridades y lo que finalmente hacen.
Cuantas bellas palabras se vienen diciendo en las últimas horas sobre el ejemplo de Grau y cuánto de ello estamos aplicando actualmente, en estos momentos. Casi nada, ¿no? o muy poco. Eso es lo preocupante para el ejemplo que le debemos a las presentes generaciones, que se van formando en base a lo que estamos haciendo.
Según la historia que se sigue escribiendo sobre Miguel Grau, se conoce que se desempeñó como diputado, una faceta que falta conocer sobre el digno personaje nacional, cuya personalidad trascendió hacia otras naciones del mundo. Debe haber sido un político de respeto, ni dudarlo, y si no fuera por la guerra hubiera podido aportar más al país desde la arena política.
Se destaca en su personalidad su gran humanidad, eso que también se llama verdadero amor al prójimo, que es una enseñanza que se imparte desde las religiones, desde los primeros años de estudios básicos, pero en algo debemos estar fallando para que no todos capten el mensaje, como lo hizo nuestro héroe nacional.
Pensamos que una de esas fallas debe ser la falta de coherencia en lo que decimos y lo que hacemos. Y tenemos entre la actitud de nuestros gobernantes miles de malos ejemplos. Ojalá, haya una verdadera recapacitación, como a lo que se refirió el presidente de la República al decir que estábamos priorizando otras cosas y no lo elemental para la vida del ser humano. Será que, ahora sí vamos a cambiar. Necesitamos coherencia en los hechos y menos discursos. Simple fórmula.
Lo Último
Caballero por siempre
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