Se podría decir que una línea imaginaria se tendrá que trazar entre la era Obama y el periodo que inicia Donald Trump, en la presidencia de una de las potencias mundiales que más ha influenciado en nuestro país y que con nuestra ciudad de Iquitos tuvo una relación más cercana en la época de la explotación del caucho, que hasta un viceconsulado de EE.UU funcionaba en los ambientes del hotel Palace, por el malecón Tarapacá.
Aquellos años de los 40 y tantos nos ha servido para confirmar que ninguna distancia es corta cuando de afianzar relaciones se trata y más aún si estas son comerciales, porque importantes acuerdos sobre lo que acontecía en nuestra ciudad en torno al movimiento empresarial, se tomaban en la ciudad de Nueva York, la denominada capital económica del mundo, en la potencia americana del norte.
Cierto que más que nunca el inicio de Trump como presidente de los Estados Unidos nos pone en alerta a casi todos los países del continente americano, empezando por el simple uso del nombre de América para referirse al país de la unión de los estados federados, como borrando en el lenguaje la existencia de otros países como el nuestro, la República del Perú. Estados Unidos es lo que es, y América somos todos los que estamos en el continente americano.
Parece que Trump no lo entiende así, y ello se evidenció cuando prometió a sus seguidores que irá más allá de “hacer América grande de nuevo”. Y obviamente se refiere a su país. En fin.
Y lo que es más cierto es que las decisiones claves que tome como presidente en cuanto a su política exterior sobre América Latina, va a tener un efecto negativo o positivo, dependiendo qué haga, siendo un tema expectante el Tratado de Libre Comercio firmado con nuestro país y que representa y es para nosotros una oportunidad de negocios. Cómo se manejará de aquí para adelante, es cuestión de esperar.
Aunque es lamentable lo que viene ocurriendo con México a simple vista, respecto a cortes abruptos de inversiones extranjeras por la presión de Trump, conforme a los reportes internacionales que viene ocasionando pérdidas millonarias y desconcierto en sus inversiones. Una especie de bloqueo económico, similar a lo aplicado en Cuba por varias décadas y que el presidente estadounidense saliente Barack Obama, empezó a flexibilizar, con resultados alentadores en aras de la pacificación y la buena vecindad mundial, que parece no importa mucho a su sucesor.
De hecho Trump ha motivado sentimientos extremos entre el amor y el odio, que las diplomacias prefieren sobrellevar, quizá en la esperanza de que los efectos colaterales de la alta temperatura electoral empiecen a mermar. Y creemos que eso, esperamos todos, más ingredientes para la paz y menos conflictos.





