El título de esta nota  tiene su origen en las palabras del doctor Víctor Hugo Montreuil Frías, en el cónclave de investigadores organizado por el programa regional de Pro Naturaleza que dirige el biólogo Jorge Gómez Noriega, en el auditorio de un hotel de nuestra ciudad, a las 10 de la mañana del 21 de abril de 2014.
Víctor Hugo, es un amigo  y colega que conocemos desde hace años; es uno de los mejores profesores de la facultad de Ciencias biológicas de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana y un buen investigador científico de la biodiversidad amazónica, especialmente de sus pesquerías.
Nos une buenos lazos  de amistad, que no nos ata para decir nuestras verdades y de vez en cuando discrepar con sus opiniones técnicas y científicas que son muy respetadas, pero como todas las teorías  en ciencia,  se pueden modificar o rebatir o apoyarse en ellas para mejorarlas.
A esta reunión de gran importancia para conocer las intenciones de los directivos de Pro Naturaleza, asistieron pocos invitados, pero que participaron activamente durante la exposición hecha por los integrantes de la comisión de la central de Lima de esta organización liderada por el señor Martín Alcalde.
El tema era informar sobre un programa de becas para investigación que oferta esta institución en los campos de la pesquería amazónica y forestal. Los montos los considero muy pequeños,  y como les dije en mi exposición: esperamos no volver al pasado de las investigaciones de generar solo informes que posibiliten tesis sin ninguna importancia para la sociedad loretana.
En aquel día del cónclave, me permití tomar la palabra para exponer mi punto de vista y los antecedentes de muchos trabajos en el campo de las pesquerías que no son reconocidas por subjetividades o por el síndrome de Adán y Eva, ya planteadas en un artículo publicado el domingo  20 de abril de 2014, en este diario y anteriormente en otros medios de comunicación: la investigación científica en las pesquerías amazónicas y de recursos hidrobiológicos deben ser permanentes con bases en cada cuenca de la Amazonía.
Es posible que esta propuesta sea utópica, pero en este aspecto es necesario hacerla realidad  porque con los datos que tenemos, con bastante irrealidad, no se puede hacer un buen diagnóstico y menos plantear planes de desarrollo sustentable, salvo que en el proceso productivo se ejecute el trabajo de campo y de gabinete de investigación.
Los temas propuestos por esta institución para estas becas, necesitan mayor presupuesto,  ya es tiempo que elaboremos  investigaciones de mediano y largo plazo con investigadores que no hagan turismo rural para ganar viáticos y el sueldo.
Creo  que poco a poco conseguiremos que la utopía de mi propuesta se vuelva realidad y podamos por el bien de nuestras universidades, de sus egresados, de sus profesores, de los organismos de investigación, de los  investigadores y promotores independientes, por las poblaciones y por el ambiente, establecerla  como se hizo con la base científica de la Antártida. ¿Podemos hacer investigación en el proceso productivo? Claro que sí. Ya existen experiencias.
Nuestro agradecimiento a Jorge Gómez por su invitación y a los directivos por aceptarme expresar durante los minutos que me dejaron  con las observaciones puntuales del caso.
Esperamos como dijo Montreuil Frías, que esta semilla fructifique en bien de la zona y, como expresé anteriormente:  que los investigadores vivan en el área en que desarrollan sus pesquisas durante esos 12 meses y que los resultados no sean como el cuento: continuará. De lo contrario será otro floreo más para conseguir cumplir con sus programas de actividades y una nueva decepción  para los pobladores. Dios los bendiga en estas sanas intenciones.