La ola delictiva sigue en crecimiento. A los delitos del diario cometidos por ladrones, asaltantes, arranchadores, robamotos, extorsionadores, carteristas, tarjeteros, violadores, bandoleros, ahora se suman los sicarios, que si bien es cierto siempre se supo de su existencia, hoy se están manifestando a través de amenazas de muerte hechas a conocidas personas, entre los que se cuentan a periodistas, políticos y dirigentes sindicales, poniendo en zozobra a sus familias, a quienes también les ponen en la mira.
Se conoce que prontuariados delincuentes que purgan condenas mayores en los grandes penales de la capital, serían contratados por gente que no tiene el menor escrúpulo en amedrentar y quién sabe mandar ejecutar a un ser humano, unos saciando su sed de venganza por un hecho considerado atentatorio para sus oscuros intereses y otros para silenciar las voces de quienes no dudan en denunciar actos de corrupción y delitos flagrantes en contra de instituciones públicas, en las que los fondos económicos son saqueados de la formas más vulgar.
La población está insegura, mucho más que en el pasado. La delincuencia en Iquitos se ha incrementado a tal grado que nadie está seguro ni en su casa, ni en la calle, menos aún en un negocio. La aparición de malos elementos venidos a otros pueblos, ha puesto en jaque a la policía nacional que parece no cuenta con la inteligencia suficiente para detectar en el momento más oportuno a estos sujetos que no miden consecuencia alguna para perpetrar sus delitos.
Que un miserable de estos a uno lo tenga agarrado de los pelos por unos billetes, no es como para estar sonriente. Más bien hay un descontento general con las autoridades involucradas en el tema de la seguridad ciudadana que hasta el momento no han hecho algo significativo para al menos controlar la situación.
El último aviso dado a conocer públicamente, ha sido la amenaza recibida por el conocido sindicalista Manuel Coronado, a quien mediante llamada telefónica le han hecho saber que su cabeza tiene precio. Algo así es atroz y despreciable. A nadie se le puede quitar la tranquilidad en su vida, menos su vida misma. Es por eso que desde esta tribuna, expresamos nuestra preocupación porque no se están tomando las medidas correspondientes, como debería ser, para menguar primero y, luego, desaparecer la inseguridad en que estamos viviendo.
Esperamos que cuando entre en vigencia, desde octubre, el Nuevo Código Procesal Penal, se impongan las más severas condenas a quienes matan, violan y roban, como manera de escarmentar a quienes toman la vida, la inocencia y pertenencias de otros, empleando la violencia y la muerte.





