La Universidad Nacional de la Amazonía Peruana inicia una nueva etapa. La nueva rectora, Ruth Vílchez Ramírez, ha pronunciado un discurso que toca algunos de los problemas que durante años han estado presentes en nuestra universidad: corrupción, improvisación, deficiencias en los servicios, falta de modernización y brechas que siguen esperando una solución.
Decir “tolerancia cero a las irregularidades” es una expresión fuerte y necesaria. Pero también es un compromiso que tendrá que demostrarse con hechos. En una universidad pública no basta con hablar de transparencia; hay que hacerla visible en las decisiones, en las compras, en las obras, en el manejo del presupuesto y en la información que se entrega a la comunidad universitaria. Los estudiantes y docentes tienen derecho a saber cómo se utilizan los recursos de todos.
Por eso resulta importante la propuesta de impulsar un voluntariado de control social con participación de docentes y estudiantes. La vigilancia ciudadana no debe entenderse como una confrontación con las autoridades, sino como una forma de ayudar a cuidar una institución que pertenece a toda la sociedad amazónica. Si hay transparencia, la fiscalización no debería incomodar; por el contrario, debería fortalecer la confianza.
Pero también hay que mirar los problemas de todos los días. No se puede exigir excelencia académica cuando existen dificultades con el servicio eléctrico, Internet deficiente, laboratorios que necesitan modernizarse y trámites que todavía pueden ser lentos. Los grandes discursos sobre una universidad moderna comienzan precisamente resolviendo esas cosas que afectan diariamente a estudiantes, docentes e investigadores.
La nueva gestión también tendrá que enfrentar asuntos pendientes como la defensa de los derechos de los docentes, la homologación y los devengados, así como la protección del patrimonio de la universidad. Son problemas complejos, pero precisamente para eso existen las autoridades: para gestionar, dialogar, insistir y buscar soluciones. El reto será demostrar que cada compromiso asumido puede convertirse en una acción concreta.
La UNAP necesita recuperar y fortalecer la confianza de su comunidad. Para ello será importante que las diferencias internas no se conviertan nuevamente en obstáculos para avanzar. Las autoridades pasan, las gestiones terminan, pero la universidad permanece. Por eso ninguna administración debería colocar sus intereses por encima de la institución.
Ruth Vílchez ha dicho que las puertas del rectorado estarán abiertas al diálogo y a la fiscalización participativa. Ahora corresponde esperar que esas palabras se conviertan en una nueva forma de gobernar la universidad. Porque el verdadero cambio no se anuncia en una ceremonia: se demuestra cuando el estudiante encuentra mejores condiciones para estudiar, cuando el docente puede investigar, cuando los recursos se utilizan correctamente y cuando la sociedad puede confiar en su universidad.
La UNAP tiene enormes desafíos, pero también una enorme responsabilidad con Loreto y con toda la Amazonía. El discurso ya está dicho. Ahora comienza la parte más difícil: hacer que las palabras se conviertan en hechos.
Lo Último
UNAP: que el cambio se demuestre con hechos
Date:





