La propuesta de Libardo Alvarado Bueno, director del Centro Juvenil de Diagnóstico y Rehabilitación de Pucallpa, en el sentido de que el internamiento preventivo de los adolescentes infractores no es la única que puede dictarse frente a estos casos, sino que más bien debe ser la última alternativa a la cual se debe recurrir, es la posición más sensata que hemos escuchado sobre el particular.
Los jóvenes infractores que se apropian de cosas menores arranchando objetos personales, o asaltando a borrachos o mujeres indefensas, por citar un par de casos, están iniciándose en el escabroso camino de la delincuencia. Casi todos los ahora ranqueados avezados delincuentes, protagonistas de los casos más sonados, se iniciaron haciéndose de cosas menores, adentrándose poco a poco al sórdido mundo de la delincuencia.
Pero también es cierto, que obedeciendo a una política carcelera, los adolescentes y jóvenes infractores han ido a parar en los llamados centros juveniles, esos locales conocidos como maranguitas, donde en contacto con otros se hicieron de más experiencia y cuando les tocó salir a las calles constituyeron los más grandes peligros, porque de allí salieron avezados, sin temor alguno para cometer los más execrables delitos, asesinatos incluidos.
Es cierto que entre frutas podridas no se puede esperar más que podredumbre. En eso, Alvarado Bueno, con un sentido totalmente diferente a los carceleros, tiene planteamientos como que los jóvenes infractores sean enviados a realizar trabajos comunitarios en provecho de alguna institución de bien social y así no se les aparte de sus familiares, de quienes deben recibir el máximo apoyo moral para su rehabilitación.
Al conocer estos planteamientos, el presidente de la Corte de Justicia de Loreto, Aldo Atarama Lonzoy, expresó que las iniciativas eran buenas, por lo que pidió se le haga conocer la situación que viven los menores en el establecimiento de Pucallpa. Atarama espera que luego de esto, los jueces de la Corte de Loreto, tomen en cuenta mejores opciones que enviar a los infractores a centros juveniles, que sean correctivas de la conducta de los muchachos que se están perdiendo en el camino de la vida.





