Las calles de Iquitos muestran cada vez con mayor frecuencia una realidad preocupante: personas con evidentes trastornos mentales deambulan por distintos sectores de la ciudad, muchas veces en condiciones de abandono y, en algunos casos, con comportamientos agresivos que ponen en riesgo tanto su propia integridad como la de los ciudadanos. Se trata de un problema humano y de seguridad que requiere una respuesta urgente.
No es extraño encontrar a estas personas caminando desorientadas, gritando, lanzando objetos o reaccionando de manera violenta ante quienes transitan por la vía pública. Esta situación genera temor entre peatones, comerciantes y conductores, especialmente cuando ocurre en zonas de gran circulación o cerca de centros educativos y mercados.
Sin embargo, detrás de cada uno de estos casos existe una historia de enfermedad, abandono o falta de atención especializada. La salud mental sigue siendo una deuda pendiente en muchas regiones del país, donde los servicios son insuficientes y las familias, cuando existen, no cuentan con el apoyo necesario para enfrentar estas situaciones.
Las autoridades no pueden limitarse a esperar que ocurra una tragedia para actuar. Es indispensable que el sector Salud, las municipalidades, la Policía y las instituciones de asistencia social trabajen de manera coordinada para identificar a estas personas, brindarles atención médica especializada y garantizar un tratamiento adecuado, siempre respetando sus derechos.
Al mismo tiempo, la ciudadanía debe comprender que este no es un problema que se resuelva con indiferencia o rechazo. La solución pasa por fortalecer los servicios de salud mental, implementar programas de atención comunitaria y establecer protocolos de intervención para los casos que representen un riesgo para la población.
Iquitos merece calles seguras, pero también una sociedad más solidaria con quienes padecen enfermedades mentales. Atender esta problemática con responsabilidad y decisión permitirá proteger a la ciudadanía y, al mismo tiempo, ofrecer una oportunidad de recuperación a quienes hoy viven en el abandono. Ignorar esta realidad solo hará que el problema siga creciendo y que sus consecuencias sean cada vez más graves.
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Un problema que no puede ser ignorado
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