La minería ilegal en Loreto ya no tiene solamente el rostro conocido de las dragas. Ahora aparece una amenaza mucho más destructiva y silenciosa: las balsas tracas, verdaderas máquinas artesanales de succión que están removiendo el lecho de nuestros ríos a una escala que debería encender todas las alarmas. El fiscal especializado en materia ambiental de Maynas, Marvin Loja Arévalo, ha sido contundente: el daño de una traca puede ser entre cinco y diez veces mayor que el provocado por una draga.
¿Y qué es una traca? Es una estructura flotante equipada con motores, bombas y una lanza de succión que penetra directamente en el fondo del río para extraer arena, grava, agua y sedimentos en busca de oro. Su funcionamiento puede parecer rudimentario, pero su capacidad destructiva es enorme. No solo extrae mineral: remueve el suelo, altera el cauce y transforma el ecosistema acuático. Allí donde una traca trabaja, el río deja de ser el mismo.
Lo más preocupante es que estas máquinas están operando en lugares remotos, donde la presencia del Estado es limitada y donde llegar requiere muchas horas de navegación, combustible, personal y logística. Esa distancia juega a favor de los ilegales. Mientras las autoridades organizan un operativo, quienes explotan nuestros ríos cuentan con sistemas de comunicación que les permiten alertarse rápidamente y esconder sus equipos. La Amazonía, una vez más, termina siendo utilizada como refugio por quienes depredan sus recursos.
Loreto debería mirar con enorme preocupación lo ocurrido en Madre de Dios. Allí, la utilización masiva de balsas tracas contribuyó a una devastación ambiental de proporciones enormes. No necesitamos esperar a que nuestros ríos presenten el mismo panorama para recién reaccionar. Las imágenes satelitales ya muestran que la alteración de nuestros cauces está avanzando rápidamente, y eso significa que el problema no es una amenaza futura: está ocurriendo ahora.
Pero también hay una responsabilidad que va más allá de quienes manejan estas máquinas. La minería ilegal necesita combustible, equipos, insumos, transporte, financiamiento y redes de comunicación. Por eso, perseguir únicamente a quien se encuentra sobre una balsa resulta insuficiente. Se necesita inteligencia para golpear toda la cadena que sostiene este negocio. Y cuando se producen intervenciones y detenciones, corresponde además que el sistema de justicia aplique con firmeza las herramientas que la ley ya contempla.
No podemos permitir que el Nanay y otros ríos de Loreto se conviertan en la próxima Madre de Dios. Cada traca que remueve el fondo de nuestros ríos no solamente busca oro: se lleva un pedazo de nuestra Amazonía. El Estado tiene que llegar antes de que el daño sea irreversible. Porque después, cuando las imágenes desde el cielo nos muestren kilómetros de cauces alterados y ecosistemas destruidos, de nada servirá preguntarnos por qué nadie hizo algo cuando todavía estábamos a tiempo.
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Tracas: el nuevo rostro de la minería ilegal
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