- Los gobiernos los tienen invisibles para no programar presupuestos que los saquen de esa vida miserable.
- En Iquitos donde hay tanta droga, no existe un verdadero centro de rehabilitación para drogadictos.


“Hay quienes observan las reglas del honor como quien observa las estrellas, desde muy lejos.” Frase sacada del libro “Los Miserables” de Víctor Hugo. Y que hoy parece tener gran significado al ver directamente la manera tan paupérrima en que viven algunas personas.
En la parte baja del bulevar se encuentra una lancha oxidada y vieja que sirve de vivienda para un grupo de seres que han perdido el rumbo de la vida y que hoy su refugio no es más que un pedazo de chatarra vieja para no permanecer a la intemperie, como muchos otros.
Resulta increíble poder constatar la existencia de espacios como aquella embarcación (un “titanic de la fatalidad”), y más aún que en ella puedan sobrevivir humanos intentando escapar de las adversidades que la vida les dio de un solo golpe.
Una cabina llena de cartones en un piso oxidado y sucio mezclado con excremento y orines, que a ellos les sirve como habitación para acurrucarse en las noches de frío. En sus noches de vuelos largos hacia otras latitudes. Unas cuantas bolsas de víveres para intentar preparar algo rápido cuando el hambre les empieza a rugir.
Un espejo para ver con más claridad la pobreza y delgadez que la vida les regala cada día y una pequeña revista para los ratos en los que les aflija la realidad y decidan escapar de ella u otra manera.
Como si trataran de contar un chiste indirectamente, en la parte posterior hay una pancarta de la comisaría de turismo que no hace más que contar sin palabras, la realidad del turismo en Iquitos ahora mismo, olvidado.
Estamos en el mismo mar, más no en el mismo barco. Unos viajando tranquilamente, otros intentando no hundirse y hay quienes aun estando hundidos dan manotazos aferrándose a la vida, agarrándose de cualquier objeto que se les presente.
¿Qué tan lejos tiene que ver una persona las reglas del honor para llegar a vivir esa realidad? Aún más lejos que las estrellas del firmamento que acompañan sus noches de lluvia. (Textos y fotos: Micaela).





