- Es un acierto reeditarlas”, afirma en prólogo escritor Marco Antonio Panduro.
- Selección fue hecha por Róger Rumrrill en 1967.
El escritor amazónico Marco Antonio Panduro es uno de los prologuistas en la nueva edición de “Narradores de la selva” y en el texto afirma que “Tierra Nueva ha tenido el acierto de reeditarla. Merece la pena un acercamiento a aquellos tiempos. La metáfora heráclitiana del río y el tiempo, o, si se quiere, «mucha agua ha corrido bajo del puente», cualquiera de ellas, no podría ajustarse mejor al contexto amazónico y sus ríos indesligables. Así resulta interesante la mirada de nuevos lectores pasadas tantas décadas. Un siglo ya ido, completamente diferente a este, y milenio de pantallas digitales. Nuevas formas de vivir, otros ojos que mirar”.
Aparecida en Leyenda y tradiciones de Loreto, allá por 1918, YARA, de Jenaro Herrera (Moyobamba, 1861), es breve texto descriptivo de narrativa lineal sobre un joven cocama. «Madre, no puedes figurarte cuán bellas y seductoras eran las formas de la joven que allí vi. Cuán melodiosas y atrayentes eran los acentos de aquella voz que cantaba justamente endechas de amor y vida». Un final que se difumina entre leyenda y mito.
EL COLLAR DEL CURACA, de Humberto del Águila Herrera (Moyobamba, 1893), es cuento donde el libro de la naturaleza aparece en sí mismo, mas también de aprendizaje del adolescente-personaje que vuélvese hombre. Desde la mirada de la técnica literaria, el autor hace uso de un flashback, inusual por esos tiempos, y un interesante uso del condicional en el desenlace.
En EL MOTELO de Victor Morey Peña (Yurimaguas, 1900) es la descripción tan lenta como el personaje protagonista animalario, mas este cuadro breve que puede ser juzgada de paisajista se esconde una atmósfera del interior de la selva, rica en detalles.
EL ANIMAL SOBRE SUS PATAS TRASERAS, de Arturo D. Hernández (Agua Blanca, Ucayali, 1903), lleva cierto parecido a El llamado de lo salvaje de Jack London, publicado curiosamente en el año del nacimiento del célebre autor de Sangama. Los animales personajes que hablan, eso sí, tras larga descripción animalesca, pasan uno detrás de otros, a través de una voz externa contando su experiencia de vida.
HUMISHA DE CARNAVAL, de César Lequerica Delgado (Iquitos, 1903), ambienta la historia folklórica en «un barrio pobretón de Iquitos», como se lee en sus páginas, una suerte de crónica folklórica. Son las primeras muestras en la producción narrativa de la presencia en los diálogos del castellano amazónico peruano. Si no es mucho pedir, es una crónica que debería leerse en el marco del carnaval y mucho más en el público de Belén.
Francisco Odicio Román (Contamana, 1906) con HUISHMABU, testimonia la génesis de este pueblo originario en corto relato. Siete vástagos fruto de la unión del Sol y la Luna y su historia de dominio sobre la Naturaleza.
Arturo Burga Freitas (Iquitos, 1909), en BAJO EL CIELO DE LOS CHAMAS, hace ilustrativa introducción donde Bari es el Sol; y Use, la Luna; los hijos del dios Habi, en la cosmovisión chama. Ambos cuentos, el de Francisco Odicio Román y el de Arturo Burga, se emparentan en génesis. Si usted ignora sobre culturas originarias, luego de leer los anteriormente citados ya tiene, de manera sumaria, dos menos en sus pendientes.
GAVICHO, de Francisco Izquierdo Ríos (Saposoa, 1910) –a nuestro gusto–, uno de los más fluidos y el más extenso de los cuentos reunidos; tal vez porque se presenta a modo de Odisea Amazónica, donde Gavicho Aguilar funge de epónimo del personaje épico de Homero y donde el Pongo de Aguirre podría ser un equivalente a Escila y Caribdis.
LA LEYENDA DEL DOMINGO SIETE, de Juan Ramírez Ríos (Yurimaguas, 1909), puede dejar flotando en el lector las preguntas líneas arriba en una especie de final circular que en algún momento habrá tenido su inicio.
En LA REDADA, de Manuel Túnjar Guzmán (Iquitos, 1929), que –tal como su título indica y hace suponer– se trata de una represión policial, mas este, por su sencillez, carece de una construcción interna de contexto histórico en el seno de la ficción. Apenas el nombre de una autoridad de rango, mas no principal. Las menciones son muy de paso, aunque, eso sí, parecieran los tiempos actuales.
Germán Lequerica Perea (Iquitos, 1932) con EL MONSTRUO, en nuestra opinión, es quien mejor hace uso de técnicas en términos literarios. La selva por la furia de sus dramas es una prisión abierta. Rumrrill ha catalogado a su prosa de plástica. En esta atmósfera densa, no solo hay prosa y buen empleo de diálogos echados a la mano en su justa medida y en el momento preciso, sino que suenan estos naturales y no postizos.
ALBAÑILERÍAS, de Jaime Vásquez Izquierdo (Iquitos, 1935) –el más joven de los cuentistas aquí antologados–, suma al corpus literario amazónico la presencia de elementos urbanos. Ya existe la paga mensual, el policía es la representación del Estado y su presencia –salvo en el de Manuel Túnjar– es ausente en la atmósfera de los cuentos anteriores más inclinados hacia una escenografía rural.






